Reflexiones
mirando al mar
Uuuuuuuuuuh...Uuuuuuuh...
Uah, uah uah, uah uah,uah, uah uah...
El tiempo para mí pasa lento
cuando buscas al hombre
que no está a tu lado.
No está, no está, no está no está...
Y yo, y yo, y yo, y yo...
quiero a mi hombre junto a mí.
Las noches son largas y frías,
me falta el calor de su cuerpo.
Pero él, ahora, está muy lejos.
Quizá incluso sumergido
a treinta, o incluso más metros,
pues es soldador de precisión
y se encuentre soldando
grandes tubos kilométricos;
bajo las aguas del océano extenso.
Por eso, a través de los cristales
miro al mar, y lo veo venir corriendo;
pero eso, es un espejismo más
fruto de mi amor inmenso.
Qué rápido pasa todo
para el que a nada da mérito;
sin embargo, para aquello que se quiere
todo transcurre muy lento.
Muy lento, muy lento, muy lento...
Las plumas son muy ligeras,
los pesares, ¡qué gran peso!
Nadie podrá imaginar
lo que por mi hombre estoy sintiendo.
Mmmmmmh... Mmmmmh...
Un corazón que se exalta
por algo que ni yo entiendo;
mas son razones del alma
que se funden con los vientos.
Quizás van hasta mi hombre
para insuflarle mi aliento;
qué salga con bien a la superficie
Y pueda contemplar el cielo,
Un cielo que compartimos
cuando él llega hasta el puerto.
Soldar debajo del mar
ya ha causado muchos muertos,
Por eso es mi malestar
por eso tanto me molesto.
En todo esto hay un culpable,
que es el maldito dinero,
el que se necesita para casarse,
pese a que yo el ajuar,
ya hace años que lo tengo.
De niña a mí me educaron
y me enseñaron ha hacerlo,
a bordar las mantelerías
y todo de tela o fieltro.
Ya lo único que me falta es rezar
y todo los días yo rezo,
a la virgen de la mar,
y al cristo del marinero;
Para que salgan con bien
todo los proyectos nuestros.
mmmmmmh...Mmmmmmh...
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