Entre las flores me dormí
Qué alegre está la mañana
el sol hoy salió radiante,
y qué hermosos hoy los lirios
al rededor del estanque.
Es tan bonita la estampa
que digo: qué suerte tengo;
de vivir en un lugar así
y además yo ser su dueño.
Todo el jardín es precioso;
a base de mucho esfuerzo,
pues yo plante las semillas
y les di oportunos riegos.
La planta es agradecida
y su flor nos da primero,
y más tarde llega el fruto
que bendice siempre el cielo.
En las flores tenía puesta
mis atenciones primeras,
mas me trajeron una propuesta:
el que acudiera a una fiesta.
Y tras leer aquella nota
que explicaba los motivos,
decidí cambiar de ropa
igual que un día festivo.
Una compañera del instituto
los años había cumplido,
y pensaba hacer una fiesta
en un lugar divertido.
Habría pues que comprobarlo
a ello, me veía comprometido,
Y esperé impaciente el momento
hasta que la hora hubiese cumplido.
Qué fantasías sobrevolaron
por mi alma y por mi mente,
pues yo me veía abrazado
por una chica sorprendente.
y en el lance de aquel sueño,
a todas luces diferente,
hasta mí llegó del cielo
el ángel más sorprendente.
Tan bella era su estampa
que palidecía a las flores
y enmudecía a los jilgueros,
no creo que nadie existiera
en el mundo más contento
que todo lo que yo estaba
en esos precisos momentos.
surgieron hasta ese momento,
Con toda esa juvenil alegría
y con traje recién planchado,
al que mi madre echó apresto,
acudí al lugar fijado
lleno de alegría y embeleso.
Oh, qué jubilosa algarabía
es la que había allí adentro,
pues parecía una sinfonía
en vez de se un simple concierto.
Todos iban de aquí para allá,
con vasos altos bebiendo,
los exquisitos cócteles
qu los camareros estaban sirviendo.
Pero una sensación extraña
me empezó a recorrer por dentro,
hasta mí, nadie se acercaba,
para decirme esto o aquello.
Yo en aquella fiesta
me sentía un extranjero,
siendo que todos presentes
eran de mi mismo pueblo:
Y yo que fui para deslumbrar
con el fulgor de un lucero,
me hicieron sentir tan mal
que ya olvidarme prefiero.
Ninguna chica bailó conmigo,
ni de nadie escuché un te quiero,
a cambio solo recibí,
el mayor de los desprecios.
La envidia es muy contagiosa,
y una forma de humillarme
quizá fue el hacerme sombra
para así, no hablar con nadie.
Así es que me di la vuelta
para ir a llorar a mi jardín,
donde los jazmines y violetas
lloraron abrazados a mí.
Luego oí una vocecita
que preguntaba por mí,
que por qué no había ido a su fiesta
que ella me esperaba allí.
Tras contenerme las lágrimas,
tan solo acerté a decir:
Lo siento, entre estas preciosas flores
que como ves tengo aquí,
Yo...Yo creo... Yo creo que me dormí...
Lo siento... Me dormí.
Mmmmmmmh... Mmmmmh...
Pero a penas dije esto
sentí una liberación,
porque allí en frente tenía,
el ángel que antes bajó.
Mmmmmh...Mmmmmh...
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