Caravana de camellos
Paraban, paraban, paraban, paraban...
Paraban, paraban, paraban, paraban...
El sol, está en lo más alto,
y pronto aparecerá la caída de la tarde.
Nuestros camellos apaciblemente
comen heno y cebada,
pues tienen que alimentarse bien
y beber abundante para mañana.
Son ciento veinte camellos
los que forman nuestra caravana
que transporta sal de las salinas del Sagel,
es nuestro medio de vida
así lo quiso el Más Grande Alá.
nuestro vendito y Purísimo Dios.
El nos protege con sus rayos de sol
y su arena limpia que por la tarde
es oro por su magnífico fulgor
y que alegra nuestra terrenal visión.
Estamos a mitad de camino,
pues gracias al Más Grande, conservó
para nosotros este oasis de frescor.
Ahora estamos tomando té en nuestras haimas,
para celebrar que ningún camello enfermó
y nuestra blanca y preciada carga
está a buen recaudo, y por eso,
ahora toca danzar, para dar gracias
a nuestro Dios, el Más Grande,
el de la Pureza infinita,
pues los hombres del desierto,
somos hombres agradecidos
y sabemos muy bien
lo que día a día, tenemos que hacer,
y entre otras cosas al más Grande, no ofender.
Ahora danzamos y miramos
a las estrellas del cielo,
lucecitas que el Más grande colocó
para que se guiaran los hombres del desierto.
Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias...
Mmmmmmmh...Mmmmmmh...
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