La vida de un ranchero
Mmmmmmmh... Mmmmmh...
Qué difícil, qué difícil,
qué difícil es aguantar
sin ver su caballo en el establo.
Su caballo bayo,
llama la atención
en cualquier lado.
De largas y rubias crines
pareciendo un tarro de miel
sobre su lomo volcado.
Mi hombre se lo llevó,
alegre se fue trotando
y trotando se quedó
mi corazón cual aplausos.
Mi hombre se fue a Avilene,
con gran parte del ganado,
para comerciar con él
como ya ha hizo otros años.
Esa es la parte más generosa
de lo que es vivir en un rancho,
porque si dura es la vida
aún más duro es el ganado.
Pues hay muchos contratiempos,
y nunca debe faltar ni heno ni grano,
para que se hagan robustos
y que permanezcan sanos.
Pero esto ya es una tradición
constante en nuestros antepasados,
aquellos que vinieron de Irlanda
y para siempre aquí quedaron.
Yo ahora lo espero impaciente,
contemplando el bello establo,
y me imagino las crines
doradas de aquel caballo;
que a Avilene, se llevó mi hombre
para vender el ganado.
Somos valientes y trabajadores,
la tierra es nuestra bendición,
pese a las arduas labores
que lleva esta explotación.
Desde Irlanda aquí llegaron
y aprendimos a resistir,
ya hay un futuro labrado
y aquí hemos de seguir.
Pon, pon, pon porompompón...
pon pon, pon, porompompóm..
Mmmmmmh... Mmmmmh...
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