Las hadas del alma
Mmmmmmh... Mmmmmh...
Piré, piré, piré, piré, piré, piré, piré...
Aquí en mi casa yo tengo
cinco preciosas guitarras,
una guardo para usted,
otra también para ti,
y las otras tres que sobran
para los duendes del jardín.
Unos duendes muy simpáticos
y que se ríen así: Ji, ji, ji, ji, ji, ji, ji...
Quiero formar una orquesta
todo a base de guitarras,
y unos cuantos duendecillos
para que toquen las palmas.
No hay nada más sorprendente
que un sonido de guitarra,
pues la escucha el presidente
y el director de la fábrica.
Por oírse hasta los oye
mi tío y mi prima Juana,
que a veces tienen sordera
y de pagar no oyen nada.
Ay... Qué feliz que voy a ser
escuchando las guitarras,
en mi precioso jardín
en donde los duendes ya campan.
Qué feliz, qué feliz, qué feliz, qué feliz...
estoy yo por presumir
de escuchar cinco guitarras,
en el centro del jardín
donde los duendes ya campan.
Qué siniestras son las sombras
y qué alegres las guitarras,
tocadas con la armonía
de una orquesta ya encantada.
Qué feliz yo me he sentido
y qué felices las hadas,
las hadas que todos tienen
en el jardín de su alma.
Mmmmmmh... Mmmmmmh...
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