Cuida el charco
Uouh, lailaila, uouh, lalailai, le...
Uouh, lailailaila, uouh, lailaile...
Uouh, le-le-le-le-li-le...Mmmmmh...
Qué bien, qué bien, qué bien...
Dice la niña al ver por la ventana
que está empezando a llover.
Y esos saltos y palmaditas
a su madre le hacen ver,
lo que su niña pretende
a penas llegue a la calle
y empiece a mojar los pies.
Tú, hoy sobre todo hija mía no saltes,
no, no, no, no, no saltes,
como hiciste la última vez,
que pisoteando los charcos,
te llenaste de barro de la cabeza a los pies.
Pues hoy vamos a la escuela
y la maestra te tiene que ver
muy bien aseadita,
como una niña ha de ser.
Oé, oé, oé, oé oé, oe, oé oe, oé...
Cuando llueve se hacen charcos
se hacen charcos, bien lo sé,
pues tuve que lavar toda la ropa
de la cabeza a los pies.
Oé,oé,oé,oé,oé,oé,oé..
Más la niña se relame
y sus ojos aún más brillan
y diciéndo qué bién, qué bien, qué bien...
De modo que al bajar a la calle
su madre,
previsora le previene:
cuida hija mía, cuida con los charcos,
cuida con los charcos, cuida con los charcos...
Que hay que llegar limpia a la escuela
y lo que tienes que hacer es...
Mira el charco, mira el charco, mira el charco...
y cuida no saltes como siempre haces
siempre encima dando saltos en los charcos
que hay que llegar limpita a la escuela,
pues no puedes ir toda salpicada.
si no dirán que eres una niña
muy, muy, muy, muy descuidada.
Porque para ir a la escuela
siempre va pisando charcos
que está pisando los charcos.
No, no, no, no, no, hija mía,
tú sobre todo hija mía,
no pises no pises nunca los charcos.
Tú fíjate por donde pisas
y nunca pises los charcos
y menos con la alegría
que tú saltas en los charcos.
No saltes, no saltes hija mía,
encima de ningún charco,
pese a que eso es una alegría
por todos niños del campo.
ya sé que eso es divertido,
pero hoy vamos a la escuela,
y por tanto, mira, mira, mira el charco,
no seas traviesa chiquilla
y no saltes en los charcos.
como la ultima vez que llovió
y no dejaste un solo charco.
Cuida con el charco, cuida con el charco...
Plof... Catapún, catapún, catapún...
Vaya maldita alegría
que tú tienes con los charcos,
yo que te traía limpita
y ahora ya vas echa un fiasco.
A un niño no digas nunca
que nunca pise los charcos,
porque siempre ha de hacer aquello
que sea justo lo contrario.
Cuida el charco, cuida el charco, cuida el charco...
Mmmmh... Mmmmmh...
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