miércoles, 25 de enero de 2023

El aullido del viento

 

El aullido del viento


 

La hoja se desprende y balancea,

Empieza así su vuelo errático,

Cierra los ojos,

No sabe a dónde irá a parar;

Pero al cerrar los ojos se duerme;

Sentía que flotaba

Y otras veces que chocaba;

Más aún así,

Prefirió permanecer con los ojos cerrados,

Pensando en el horizonte,

En islas paradisíacas

Donde tan sólo basta con alzar la mano

Para alcanzar los frutos:

Más cuando creyó oportuno,

Abrió los ojos,

Su sorpresa fue que había ido a parar

A la base de su árbol,

Al mismo sitio que la vio nacer.

Por eso se preguntaba:

¿Dónde está ahora el viento que la arrastró?

¿Con cuál roca se chocó?

¿Dónde estaba el vergel que exquisitos frutos daba?

A su alrededor yacían

Cientos de hojas,

Que al igual que ella

Cerraron  los ojos para poder volar

A través de un aire metafísico,

Un aire que sopla,

 Que viene y va,

Sin pedir permiso,

 Porque es libre

Y libre siempre será.

Libre para estrangular a la hoja,

Libre para ahogar  la palabra.

Más tuvo el atrevimiento de preguntar:

¿Dónde a vosotras llevó el viento?

-A mí me llevó hasta minas de oro.

-A mí, hasta el fondo del mar

Donde recogí sus perlas

Para hacer a mí amada un collar.

A mí, me llevó a praderas

Doradas como un trigal,

Donde los panes brotaban

Sin tener que trabajar.

-A mí  en cambio me llevó

Hasta un campo de batalla

Donde toda carne joven

Es vilmente capolada.

La tierra absorbió sus ímpetus

Con su sangre fue regada,

Si las palabras no fluyen

Mil obuses se disparan,

Ganando siempre los fuertes

Con su criminal metralla.

Donde se incuba la guerra,

Donde el amor se flagela,

Donde habita el anticristo

Que con su fuego condena.

Más luego quedé dormida,

Y cuando abrieron mis ojos,

Vi mil hojas desprendidas

Nacida del mismo tronco.

¡Ay Dios mío, qué amargura!

Se lamentó la hoja seca,

¡Predomina la negrura

Todo son sombras chinescas!

Pero llegó el viento frío

Con desolación y muerte,

Llevándose a los gentiles

Glorificando a los fuertes.

La carne pudre,

La hoja pudre,

Lo único que pervive

Es el aullido del viento.


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