Ungidos por las estrellas
Era una noche estrellada
y debajo del farol,
los dos fundimos los labios
sellando así nuestro amor.
Era el primer beso que dábamos,
un beso de juventud,
ese que nunca se olvida
pues se dio con plenitud.
Dijimos cuánto deseábamos,
e hicimos planes de futuro,
testigos fueron los álamos
de nuestro rincón oscuro.
Siiiiii... yo te quiero...
Síiiiii... yo te adoro...
Nuestros corazones se agitaban
porque ambos corazones
Se estremecieron y amaban.
Aquel amor debía de perdurar
al paso firme del tiempo;
y cuando llega la noche
en verdad que aún lo recuerdo.
Nuestro banco lo arrancaron
y en su lugar,
sembraron un rosal,
un rosal de rosas blancas,
blancas... blancas...
como eran nuestras almas
de pureza celestial.
La noche aquella pasó
y otra y otra y otra pasó.
Pero mi amor por ti
sigue con la misma intensidad
que cuando dijimos que sí
en la completa intimidad.
Entonces, fuimos ungidos
por las brillantes estrellas,
y aunque me halle perdido
nunca olvidaré de ellas.
¡Qué bonitas son la estrellas
que alegran la juventud,
mas si esas estrella brillan
es porque la luz... se la proporcionas tú...
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