domingo, 28 de septiembre de 2025

Resultado de una alquimia

 




Resultado de una alquimia




¿Cuándo? ¿Cuándo? ¿Cuándo...?

¿Cuándo? ¿Cuándo? ¿Cuándo...?

¡Cuándo volveré a ver  a la niña

 saltando por entre las flores de la pradera!

No sé... no sé... no sé... no sé...

cuando  nuevamente la podré ver.

La niña creció,

 y la verde pradera se secó.

A todos nos ha de llegar la hora,

todos tenemos una hora,

una hora de justicia,

una hora de traición.

Una hora en que se nos apaga

el brillo de la frente,

 al extinguirse la juventud.

Ojalá, ojalá, ojalá, ojalá...

todo siguiese bello y celestial.

Nos pasamos todo el día

buscando las espinas del rosal,

para evitar pincharnos sus espinas

que hacen renacer la melancolía

para toda la eternidad.

Pero acabamos pinchando

porque las espinas  para eso están,

para recordarnos que estamos vivos,

pues muerto, ninguna espina sentirás. 

Cuando el sol no ilumina nuestra frente,

es señal de que la juventud se va,

a rodar por la marcada pendiente 

que arrastra a la eternidad.

¡Plafff...! ¡Plafff...! ¡Plafff..!

pasando a ser un amasijo 

 de Carne, huesos, sangre, y sal.

Dejando los recuerdos de la niña

 saltando con alegría triunfal,

a ser el resultado de una alquimia

vagando por el Cosmos  sideral.

Ojalá todo pudiese ser

como cuando la niña saltaba

alegre, sin ninguna pena.

Ojalá no existiese la piedra negra 

ni la hora proscrita que nos condena.


No hay comentarios:

Publicar un comentario