El espantapájaros del huerto
A partir de ahora,
vamos a ser serios,
dijo un espantapájaros a otro.
los problemas hay que hablarlos
Los cementerios vacíos,
de amores y de amoríos
hay que de nuevo poblarlos.
El amor que fue sincero,
se libra de comentarios,
bien a boli o lapicero
o argumentados por labios.
No hay que presumir de aquello
que fue un verdadero escándalo,
la verdad es lo primero
lo último humo de sándalo.
Dime qué opinas de mí,
pues al principio aceptaste,
porque yo era para ti
cual muñeco de escaparate.
Ahora me estás devolviendo
la mas completa anarquía,
y al infierno estás subiendo
todas mis antipatías.
La ternura se ha extraviado
como un cohete espacial,
al materialismo anclado
como asfalto de ciudad.
No podemos disfrutar
De todos males ajenos,
pues la fruta ha de acabar
cuando llegue el crudo invierno.
Al final nos hiere el viento,
por más que digan que es sano,
como el decir que lo siento
cuando aplastaste las manos.
No está bien que alguien opine
sobre aquello que pensamos,
y sus esfuerzos destine
a romper lo que un día amamos.
No hay que mentir para pode reír,
ni apagar la luz para descubrir la noche,
el obsesivo es continuamente así,
y el bulo luce de broche.
Si los comentarios salen a la luz,
te sientes como el cerdo cebado,
al que le muestran el cuchillo
recientemente afilado.
El amor es un incomprendido,
Yo, soy un incomprendido,
el mundo, es un incomprendido.
el mosquito es un incomprendido...
Solo deseamos tener alas
para poder escapar,
cuando los problemas calan
cual lluvia de temporal.
Olvidando los afectos y el cariño
ofrecidos en la esquina más oscura;
y lo que fue manto de armiño
ahora es la mierda más pura.
Volteando los recuerdos
se perciben ciertos fallos,
la culpa es del espantapájaros
que hay en el huerto de al lado.
Otros dirán que fue el viento
el que consiguió arrastrarnos,
llevándonos al lamento
para mejor traicionarnos.
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