Observando el arco iris
quiero recordar,
el día que por primera vez
contemplamos el arco celestial.
Galopando rompimos el viento de la tarde
a dúo, con nuestro caballo alazán.
¡ Y qué felices nos pusimos
al ver por primera vez el arco celestial!
Parecía que había salido
para que lo pudiésemos disfrutar,
dicha alegría la compartimos
como algo maravilloso y genial.
Era el espejo simpático
de nuestras jóvenes vidas,
llena de colores fantásticos
fruto de nuestra alegría.
A dúo cabalgábamos
con nuestro caballo alazán,
atravesando el maravilloso arco
surgido del celeste manantial.
El prado olía a frescas fragancias,
y el arco iris salió de forma magistral,
pues fue Dios, quien con su Gracia,
a dos jóvenes enamorados
tubo a bien el demostrar.
Jóvenes que empaparon de alegría
tras aparecer el arco celestial,
y que ayudó a ambos a cruzar
el caudaloso río de la vida.
Éramos, como dos curiosos pajarillos,
que asoman su cabeza
por primera vez del nido,
Halagados por ver junta tanta belleza.
¡Qué felices estábamos trotando
por el cobertor del prado,
el arco iris en su cenit brillando
de armonía y esplendor sobrado!
El mismo que en esos momentos
desbordaba nuestro corazón,
Porque fuimos bendecidos
por las manos del Creador.
Nos atrevimos a atravesar
el puente con los retos de la vida,
llenos de entusiasmo y felicidad
y que a todos Dios nos convida.
Ahora vemos el nublado cielo
y alegra con la misma emoción,
que nuestra primera vez,
cuando para nosotros el arco surgió.
Sus siete colores vivos
impresionó nuestro corazón,
porque eran rayos uncidos,
con la luz del Creador.
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