De un mundo distinto al nuestro
Llegaste desde otro mundo
para quedarte en el mío,
fruto de un sueño profundo
en una tarde de estío.
Entonces agradecí el fuego
que en tu cuerpo transportabas,
para calentar mi cuerpo
al que calor le faltaba.
Una ínfima luz de estrella
parecía que me guiaba,
hacia una tupida niebla
donde nada adivinaba.
¡Pero que distinto ahora!
esa niebla está olvidada,
un beso quebró la hora
alegrando así a mi alma.
Unos dirán querer mucho,
otros que siempre quisieron,
Más yo diré que aún lucho
con todos los que mintieron.
Ellos clavaron espinas,
yo di flores de romero,
y vigilé las esquinas
de todos los bandoleros.
Ya te pueden decir misa,
que esta vida es un enredo,
que no por tener más prisa
se llega siempre el primero.
A las pruebas me remito
o que pregunten al viento,
nada en tu frente hay escrito
que digan que me arrepiento.
Que pregunten a la estrella
que su luz tenía olvidada,
y que convirtió en centella
una tarde inmaculada.
Ante mí te apareciste
quizá un poco mareada,
fruto del viaje que hiciste
de aquella estrella lejana.
Unos dirán que no es cierto
que aquello pudiese ocurrir.
Más yo diré con acierto
que el sueño te hace vivir.
Y eso es lo que a mí pasó
cuando estaba casi muerto,
que se me apareció una flor
de un mundo distinto al nuestro.
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