Los lamentos de los muertos
Se oye un lamento en la noche
Ay...ay...ay...ay...ay...ay...
Ecos lejanos se oyen...
quizás sean de lágrimas al caer
de unos ojos que lloran
por vislumbrar soledad.
Ya no hay alegría en aquel lugar.
Los inviernos fueron largos
y la tierra no aguantó,
aquel frío que impedía
cultivar la tierra de labor.
Allí solo quedan vestigios
de la grandeza que un día fue.
Atrás se quedó la juventud
y los brazos fuertes
que sujetaban el arado y el hacha.
Ahora ya no hay leña cortada,
nadie hace fuego en el hogar,
sólo hay espíritus errantes....
espíritus del más allá.
¡Ay.... ay...ay...ay...!
Qué tristeza se desprende
de aquella adusta casona,
que fue levantada en la colina,
un día rebosante de alegría.
Los fuertes árboles eternos,
no aguantaron el paso de sus años,
y miran al cielo,
cual mástiles de un velero
desprovistos de sus aparejos,
navegando a la deriva en un mar sin olas.
Ya nada podrá ser igual
porque las personas que vivían cercanas
ya no están.
¡No están...! ¡ No están..!. ¡No están...!
Se cansaron de derramar lágrimas
y de pelear.
Se oyen lamentos lejanos,
quizá de espíritus que en otra vida están.
¡Cuántas casas deben de haber en este estado!
para comprender que si al pobre no le ayudan
todo quedará abandonado.
Hasta que el viento acabe por desmoronarlo.
¡Crafff...! ¡Crafff...! ¡Crafff...!
Sólo se oyen chasquidos,
ecos de suspiros lejanos.
Quizá sean de toda esa gente
que danzaban alrededor de los árboles.
Hoy desnudos de hojas,
mástiles muertos,
irguiéndose solitarios
mirando al cielo
Presos en sus insignes recuerdos
¡Uuuuuuuuffff..!
Se oye rugir al viento,
aunque también pueden ser
los lamentos de los muertos.
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