Tu último fracaso
Estamos rodeados de recuerdos,
unos alegres, otros sombríos y amargos.
Allá adonde te apetezca mirar
te sorprenderán uno o varios,
por ser algo semejante
A lo vivido hace años.
A veces, los recuerdos se emboscan
tras las sombras del ocaso,
pero también en lo cotidiano
y húmedos subterráneos,
En los edificios estrechos
Pero de pulgadas altos.
Los sauces llorones se trinchan de risa,
pues sus ramas finas son puros látigos
que se emplean para martirizar
A los inocentes pájaros,
viendo con mirada fría
a perros asilvestrados.
Uno como tú, dejó sin provisión y en letargo,
Dijo uno señalando.
Lagrimas azules sin procedencia alguna,
cartas con remites emborronados,
libros ya mugrientos
por el paso de los años.
Nuestra vida, como la de nuestros antepasados,
todo se limita a doblar la espalda
hasta hundir en la tierra nuestros labios.
Ahora, todos esos recuerdos viajan
a velocidad del rayo,
por el camino más intransitable
Y también por el más largo,
donde los desengaños como lapas
a tu alma se van pegando,
para hacer más dura la pendiente
y el puente del río más ancho.
Porque sin darnos cuenta viajamos
Y nadentramos sobre arenas movedizas
y en malolientes pozos de fango.
Los puñales de la vida,
en la espalda van clavando,
hasta acabar con la cabeza
la tierra negra besando.
Un círculo hay que se cierra,
para el viajero del espacio,
son nuestros huesos y sangre,
mota de polvo tras el repentino aplauso.
¡Plaff!
Los recuerdos se nos llevan
a pasear por los prados,
a lomos de un caballo vallo
que avanza con alargados trancos.
Primero con frente erguida,
desafiando hasta el rayo,
una frente presumida
porque todavía no han domado.
Más lo que él nunca supo
es que sería su caballo,
el que le cavó la tumba
al pretender dar gran salto.
A veces esto sucede
por recurrir a los atajos;
¡Qué sí, que finalmente llegas antes!
¡Pero para ver las ruinas de nuestro último fracaso!
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