Palabra de Dios ( Manuel)
Nos maravillamos de ver hermosos monumentos
a los que luego los definimos como maravillas;
Pero la más maravillosa maravilla,
la irrepetible, la insuperable, la magnífica es...
Ese hombre sin piernas, el niño sin brazos, la mujer estéril...
Esos seres son maravillas de la naturaleza,
es tu igual, el que respira y le late el corazón.
Sin embargo, ante sus problemas,
miramos para otro lado o miramos con indiferencia.
Con ello enfadamos a Dios,
pervirtiendo la Justicia Divina.
Ya ha pasado demasiado tiempo
y el cielo está vacío de corazones,
sólo hay nubes procelosas.
¡Qué pena Señor...!¡Qué pena...!
No ver las auténticas maravillas hechas por El Creador.
La metralleta, tiene más fuerza que la palabra,
y las bombas, más que la generosidad.
Todo podría ser ideal; pero lo importante
lo pasamos de largo o tiramos piedras
como jugando a ver quien hace más ranas en la charca.
Nunca podrás saber cual es mi enfado.
¡Uh, uh,uh,uh,ua...! ¡Qué pena! ¡Qué pena...!
Adorar a las bombas y a las metralletas.
Nos creemos ser dioses cuando viajamos lejos;
Pero más lejanas se encuentran las estrellas
a las cuales les ponemos hasta nombres.
Sin importarnos como se llama el de la pierna rota
o de ese niño que le segaron los brazos.
¡Dios, cuánto estás tardando en mandarnos otro diluvio!
Para que nos ahogue a todos a la vez,
y que lo que de nuevo surja, seguro que tendrá
más sentimientos que el hombre con fulgor de oro.
Mándanos rayos, sobre nuestras cabezas,
pedriscos que destruyan todas las cosechas,
vientos, que arrastren las mansiones,
tsunamis, que hagan hundir los barcos,
terremotos, que hagan desplomar los rascacielos
¡Uuuuuffff...! ¡Uuuuuufff...! ¡Uuuuuuuffff...!
Una vida nueva no la esperes en las estrellas,
Ni esperes encontrar ríos en Marte o en Júpiter.
Primero purifica el aire que respiras,
la lluvia será generosa, sin ofender a ningún fruto.
Entonces podremos decir
que el cielo lo hemos conseguido entre todos.
No hace falta ningún adalid armado,
el adalid, está dentro del corazón.
Si deseamos que cambie algo
empieza por cambiar tú,
y entonces, la tierra será un verdadero paraíso.
¡Palabra de Dios...! ¡Palabra de Dios...!
¡Aleluya...! ¡Aleluya...! ¡Aleluya...!
¡Ameeeeeeennn...!
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