La chica que vestía de rosa
De pequeña,
siempre me gustó cantar,
ya he crecido
y sigo pensando igual.
Me gustaría cantar
hasta sangrar por la nariz.
¡Qué alegre fluya la sangre!
¡qué fluya de color rosa!
el rosa es mi color preferido.
Mi coche, lo encargué rosa,
mi casa rosa pinté,
la puerta, el tejado, la pared,
y visto de color rosa
de la cabeza a los pies.
Mmmm... mmmm...mmmm...
Me encanta el rosa,
y con estos gustos singulares,
hasta un cerró me subí,
para cantarle a las estrellas
y ellas, conociesen a mí.
La noche, si es cálida y dulce,
el viento acaricia el rostro,
podría decirse que,
de este modo soy feliz.
El firmamento me mira,
y yo, correspondo a él,
y le ofrezco la canción,
que alegre se acompasa
con los latidos de mi corazón.
No te puedes imaginar
lo feliz que puedo estar,
pues el cielo,
es todo una inmensa poesía.
El cielo me lo agradece
con su lluvia de estrellas,
que, como lágrimas amarillas,
surcan los oscuros cielos.
¡Qué feliz soy..!
de tañer mi guitarra
y ofrecerle esta canción,
que de manera espontánea
surgió de mi corazón.
El universo,
me hace empequeñecer,
y a la vez, me hace ser más grande
que la hormiga que de día suelo ser.
Si pudieses escuchar mi canción,
comprobarías que,
son versos emanados del corazón.
Yo, se la dedico al cielo,
y a ti dedico también,
porque tú escuchas al aire,
y el aire marcha planeando
suave ,cual avión de papel.
Dios quiso poner el broche
a las notas de esta canción,
mirando al cielo de noche
y, de manera espontánea
salió de mi pequeño corazón.
Mmmmm...mmmmm me dice el viento,
mmmm.... dice el cielo agradecido,
al escuchar mi canción.
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