Cual calandria en un trigal
No sé, no sé, no sé, no sé...
Y nunca creo lo podré saber,
por qué el viento me dejó sobrevivir,
cuando a la distancia, todo es ruina
y esqueletos que no saben hablar,
Pues les cortaron la lengua
para no poder nunca pronunciar
las palabras luz, amor, y eternidad.
Luz para esta vida consagrada
a corazones como el tuyo,
vidrio, cemento y hierro,
dejando sólo cristales puntiagudos,
para martirizarte los frágiles pies,
si llevabas idea de avanzar unos segundos.
Avanzar, avanzar, avanzar...
Avanzar hacia la paz y la libertad
palabras que en este mundo
no volverás a escuchar.
Ya no acierto a ver tus ojos,
se perdieron en el horizonte azul,
donde se colapsó la alegría
que ofrecía la juventud.
Yo sobreviví al fuego de tus ojos,
ojos verdes que no volveré a ver,
por culpa de los diablos rojos
caídos desde el borrascoso cielo
un triste y cruel atardecer.
Ahora, mis huesos vuelven a renacer
y ese será el notición:
"Alguien que come lechugas
le sabe igual que el jamón."
Se trata de una despampanante flor
con cabellos color ámbar,
fruto y origen del viento,
y del ciclón de una lágrima.
Ese ciclón eres tú,
esencia revolucionaria,
guiada por la rectitud
de una mujer extraordinaria.
Yo siempre te adoraré,
quizá, no tenga elección,
si hay nubes podrá llover
de lo contrario, es que no.
Tú eres la revolución,
revolucionas los sentidos,
causando fascinación
por regalar lo ofrecido.
Un cuerpo que el hombre adora,
un alma para volar,
Y una voz encantadora
cual calandria en un trigal.
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