Mi
limusina campera
Con la que tantas veces perseguía,
No se puede perpetuar la primavera
Ni la constante pasión que en ti ejercía.
Ya no la volverás a ver, yo, tampoco;
Quizás esté oxidada en un desguace;
Mas todavía me acuerdo y sofoco,
Ingrata melancolía en mí piel yace.
Con ella, iba
a donde apetecía,
Sin importar sumar más arañazos,
Era de chapa
fuerte, todo lo resistía;
Estaba hecha
a prueba de balazos.
Más un día no respondió su motor
Por viva que
estuviese su batería,
Ello me produjo hiriente dolor,
Pues vi como su corazón ya no latía.
En un día festivo de mañana clara,
Se fue de repente, igual que tu amor,
Ocurrió en la calle que siempre aparcaba
Donde decidió darme su último adiós.
Yo le respondí llamando a la grúa
Para que remolcase a un mundo mejor;
Vino un hombre de pocas palabras,
Como quien actúa
En obra dramática para bajar su negro telón.

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