martes, 2 de junio de 2026

Hacer y desacer

 






Hacer y deshacer


La vida, es un continuo huracán

Que hace y deshace;

Nuestra arrogancia, convierte el arbusto

En árbol frondoso,

Y al gnomo, en gigante de músculos prietos;

El alma viaja más allá de la existencia,

Mientras las horas suicidas horadan el día,

Formando monstruos que hieren  

la sensibilidad del cisne

Con sus desprecios continuos.

Hacer y deshacer, es algo que

 a los hombres nos encanta,

Cada cual se vuelve más extraño

Llegando a un punto, 

de no conocerse  así mismo

Por más espejos que se mire.

La belleza del cielo 

se ríe de nuestros ensueños

Hasta hacer deshacer la primavera,

 y convertir los ríos  transparentes

en puro  hielo sepulcral.

Las palabras, son nubes rosas

 que se deslizan por el cielo,

Castigadas a ser fuego fatuo.

 y después presidir cementerios.  

Construimos nuestras  deidades

Y luego, después de manosearlas 

Las convertimos en ceniza o estiércol.

Todo se deshace, y vuelve pálido,

Templos en ruinas,

Alfombras deshilachadas por el bárbaro grito.

¡Qué afán por deshacer lo hecho!

¡Qué afán en convertir los humildes cristales

En esplendidos rosetones de catedral!

A fin de cuentas, el mundo se hiela y deshiela

Mientras el alma abrasa las venas;

La rosa más fresca sólo está de visita,

Luego, todo torna en desconsuelo;

Las uñas de los hombres deshojan la rosa

Por el morbo de ver en qué queda;

Y al final, la rosa muestra su cansancio,

Su miel se humilla ante el agua;

La palabra como la rosa

Arde en su propio fuego;

El arroyo se deshace en el bravo río,

Saltando sus aguas las piedras

Como un campeón de pértiga.

Hacemos muchas cosas ostentosas;

Pero no nos ruborizamos 

en destruir un palacio

Por el mero hecho de que lo hizo otro.

El corazón se vuelve duro cual diamante

  rayando el cristal de la conciencia, 

Y hasta el más esplendoroso vergel

 convertimos  en  árido desierto,

Si es otro el que allí vivía

 en su paraíso de leche y miel.

Somos reyes de nuestra conciencia,

La cual, ata con lazos de seda,

Armado con la luciente hacha

Que hace rodar las cabezas,

 de nuestros adversarios.

De no suceder esto,

Pienso que cada uno tendríamos

 un palacio y un harén;

¡Pero eso, sería  demasiada felicidad

En las manos de un simple mortal!

Por eso tenemos que fastidiarnos

Y abanicar nuestros ojos,

Para no ser presas fáciles

 de nuestros fogosos antojos.

Aaaaah, aaaaah, aaaaah ,aaaaah...

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