Resplandores del alba
Aaaaah,aaaaha, aaaaah, aaaaah...
Eres labio de chacal,
desfigurada veleta veleta,
que se niega a mirar al Norte.
por la oscuridad inquieta
del pensamiento,
sortilegio que gravita
sobre el cristal ignoto del recuerdo.
Arroyo fecundado
con relámpagos de eternidad
por el prolongad rugido
de un cielo proceloso,
¡sin horror ni piedad!
Este crudo juego
despliega lluvia de fuego
sobre el trébol de la suerte,
con pensamiento de caracol pisoteado
por el sombrío Lucifer,
tras extinguirse el reconocido orgullo
de una mísera cerilla.
que hizo incendiar
el bosque majestuoso.
En el fondo, quizás
la vida no sea otra cosa
que la chamusquina
de un escaso siglo
de festines y rejas.
El mal está en el pájaro
preso en su jaula de oro
por el intento vano
de modelar la esperanza.
El rayo destructor
se ha puesto en fuga en su difusa nube,
centelleantes pupilas negras
se ofuscan en su efímero viaje.
Murciélagos vampiros
pululan en la oscuridad
con gritos incesantes y plañideros
cual búho real,
saturado de malos augurios.
La noche extiende sus alas de asfixia
para morir en la gloria del olvido.
Propina de un demente pordiosero
que aplasta la filosofía de la luna.
Bufón que mantiene en vilo
la gratitud, el furor y el engaño.
Llueve sobre mojado
en la charca de la memoria
pasarela del ensueño
inalterable de la corrupción,
alfeizar de los albores del mundo
donde se desatan polifacéticas intrigas.
¡Oh, noche primigenia!
La noche renueva los sueños de neón
y las fatídicas fantasías.
La muerte ha de llegar
como una hermosa dama
a la hora prescrita.
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
Quiero morir en las penumbras yertas
atravesado por los rayos de la luna,
descuartizado por el silbo de los vientos
que arrastran las quejumbrosas improntas
de latidos miserables, turbados tal vez,
por los encantadores gorjeos de los ruiseñores
Aaaaah,aaaaah,aaaaah,aaaaah...

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