lunes, 5 de octubre de 2026

Los poetas terrenales

 






Los poetas terrenales




Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah..


Los poetas terrenales, 

anestesiados de cloroformo, 

buscan las violetas en arrabales

y en infinitos paramos del cosmos.

Los poetas, terrenales huimos. 

Huimos, huimos, huimos...

 huimos de las orillas ruidosas,

De las avenidas atestadas,  

como murciélagos sin alas 

 huimos en la noche estrellada.

Sorprendiendo con amabilidad  

 mostrando la mentira 

hermoseando la verdad.

Nos movemos con  mano abierta

Para aceptar la fruta prohibida

 desde los  tiempos de Adán.

 Conocemos nuestra debilidad.

por eso  huimos del estandarte

 riguroso del amor; y la  amistad

 pues preferimos la razón   y la verdad.

 y le damos gran valor.

 porque nace del alma

  y se purifica el corazón.

Oooooh, oooooh, oooooh, oooooh...

las catedrales góticas del alma

  purificadas con la razón del amor, 

a base de  gráciles palabras.

Para no quedarnos enfangados 

en el movedizo   asfalto, 

Y de  los hirientes carámbanos 

   de los   ojos seductores, 

Que pretenden conquistar

  el corazón atlante.

con  besos  triunfadores.

La carne del verbo sobrevive

 al lenguaje de los párpados

Describiendo en un poema

 el vuelo errante  delos pájaros.

Sin necesidad de encontrar

 la fuente que derrama dinero,

Olvidando al mundo 

con su loca vehemencia,

 madrastra que no perdona 

actuando con transparencia.

Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...

Si amamos  es por costumbre

Con la delicadeza del aura,

No somos nadie; 

Pero a la vez, los únicos capaces

De ver el arco iris con treinta colores.

El océano, la tierra, el aire del cielo,

Son sólo un pedazo de la verdad,

Cubierta por la biosfera 

 de nuestros sentimientos.

Fuera de nuestras mucosas

Deseamos un orgasmo cósmico,

Cuya clorofila se expande

 en todas direcciones.

Siendo el átomo espiritual del éter.

Sé que es una locura, 

pero nuestra estructura

viste  con ropas de saldos;

Por eso, somos ignorados 

como perros sin dueño,

La verdad duele o amarga, 

y la muerte... ¡se mastica! 

¡y nadie puede escupirla! 

pues se pegan sus hilos

 como pegajosas  telarañas.

Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaah...

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