“La diosa del río
ahogada en la noche”
Me siento como el perro
al que robaron su hueso del morral,
Y ahora, adormecido
por la cicuta traicionera,
Voy tropezando con los adoquines
De esta selva diabólica
a la que llaman ciudad.
Aaaaah, aaaaaa, aaaaah, aaaaah...
Lo peor de todo es que fue
a manos de un ángel decente,
Cuya vida interior siento,
censurada cual beso en la frente;
Como una ráfaga de viento
Fallezco en el intento
de cazar amor y viento.
Oooooh, oooooh, oooooh, oooooh...
Mientras mi corazón mitiga
a la sombra de los pensamientos.
Más allá del horizonte tembloso
Donde habita la luz madrugadora,
Hermana de la primavera
fuente de la luz primera y cegadora.
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
Mi mano diestra se pincha
con las espinas de la eriza en celo,
Y esa mano dolorosa,
la empleé para escribir
El poema: “La diosa del río
ahogada en la noche”
Donde los místicos sueños
brillan con fulgor su broche.
Las violetas orgullosas de la tarde,
y las perla perfumadas de tus dientes
expanden sus suspiros en alarde
que recogen tus amados pretendientes.
El amor adormecido en sus auras;
Lejos de los látigos del último tormento.
Con la sombra alucinada de mi alma.
Con ella se hace tinta negra
con la que después escribo versos.
La risa, del histrión inconfundible,
alegre flota sobre las hojas
blancas del efímero cuaderno
Perdiendo el cálculo y las notas ,
como se pierde el fulgor inmaculado
de toda floreciente rosa.
Del pensamiento más curtido
como el mío,
se alimenta el mundo que gravita
ofreciendo su calor y señorío.
Se profanan los hímenes
de las rosas de los vientos,
en su menstruaciones vírgenes
prostituyendo sus pétalos
que lloran afligidos
ante las puertas del crepúsculo.
con sus alas de murciélago.
Oooooh, oooooh, oooooh, ooooooh...

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