¿Qué
tal una pelea de besos?
I
Me da miedo la guerra;
Por eso, me quejo de que haya guerras;
Los hombres acuden a ella como bufones temblorosos;
Tragándose su orgullo
Ante los surtidores de sangre,
Donde cada herida es como un retoño recién talado.
A veces, el espíritu
se acostumbra a la rutina del plomo
Y al fuego que colorea el cielo.
La tierra se llena de vanidad
Y los disparos, son flases provenientes de un nido
de avispas,
Donde el sueño abre sus alas con dolor.
La proeza del soldado es girar su cabeza para no ver
el horror,
De las atronadoras salvas de los cañones u obuses;
Más llega un momento en que no sabe
Si está vivo, está muerto, o prisionero por su miedo.
Fue llamado a filas para defender a su pueblo y a su raza;
Pero la victoria, no puede saborearse hasta que la
paz llega.
Todos se tienen ganado el cielo,
Pues el infierno, ya lo han pisado,
Y también
experimentado las iras de Lucifer.
Dios, poco importa,
Ante la guerra y el hambre es
ciego,
Y también es sordo, o desoye los cañonazos aposta.
Mientras tanto, en la misa de los valientes,
Se juzgan los evangelios del orbe con sus espinosas
alambradas.
¡Resistid! Se oyen gritan como una oración;
Entristeciendo a los estelares relámpagos del combate.
Mientras sus uniformes de algodón
Se empapan de sulfurosas lágrimas.
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