La
España vaciada
Al igual que la piedra es tragada por el río,
La ilusión de
los pueblos vaciados
Se empapan con la cal viva
De sus
banderas autonómicas.
Los pájaros que
gorjearon en los trigales
Fueron rociados con queroseno,
Chamuscando las pretensiones
De prosperar volando en libertad.
Las comunidades, sumisas al águila imperial,
Sufrieron los intempestivos relámpagos,
Desplumándolos
pluma a pluma,
Cuando se encontraban en pleno vuelo
Por las marmóreas nubes.
Fueron engullidos, al igual que sus pueblos
Por el pantano inhóspito;
Mientras que los cuatreros del alba
Se desternillaban de risa;
Tras sujetar los pétalos de hierro
Para redirigirlos con su aguja imantada.
Yo, era un Sansón de sorprendente fuerza,
Que no dependía de nadie para sobrevivir,
Hasta que Dalila, por mandato de la Patria,
Cortó mis cabellos como quienes cortan las crines
De un brioso
caballo
Acostumbrado a pastar en libertad,
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