La
mano que sujeta a la vida
La última lágrima
Rebosó el vaso profundo del caos;
El silencio sepulcral nos guía hacia la noche
Tragándose el áureo cetro de la Eternidad.
La flor de la noche desnuda sus pétalos
Y el ángel del dolor
Amortaja con
vendas de vanidad
Un mundo delirante
Que, con cada latido, apuñala el alma.
La sangre atraviesa las verjas
Y el ojo queda atónito ante el pedestal sagrado.
La estrella del norte se solidifica,
Y el mundo ignoto,
Sin pedir permiso a los planetas
Encuentra su magnetismo Eterno.
El roedor gusano pasa volando
Como pasó volando el pájaro de las estaciones;
Pero la
simpleza,
Es la mano
que sujeta la vida
Y la vida, se aferra a la luz del recuerdo
Hasta hacer colapsar a los ojos cerrados;
Con ellos, el tiempo se camufla
Entre el polvo de las avenidas y los desperdicios
De un gigantesco basurero,
Donde los planetas depositan sus hediondas heces.
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