Da
igual
II
Cuando hay unos
ojos femeninos que deleitan
El tiempo vuela ante nuestros pies,
Y las saetas del voraz reloj de la existencia
Te señala con su dedo de cuarzo.
La terrenal fragancia de una simple amapola
Agradece la sonrisa de los pájaros,
Haciendo florecer al ángel que anidaba
En su cálido corazón.
El jardín de las Hespérides,
Quizá sólo sea una fábula
Que un día se tragó el mar,
Incluidos sus besos y sus frutos mortales.
Porque el abrazo fiero del amor
Pudre a la onda prisionera,
Con la que el hombre vulgar,
De soberbia inigualable,
Se ilusionó como lo hace la espuma de un arroyo.
Mirando al cielo sólo encontrarás espinas oscuras,
Cuando sin embrago, en la mujer,
Se hallan las perlas que sujetan sus labios;
Pues después de todo nuestro desorden y descrédito,
El paraíso, puede estar aquí en la tierra,
Bien pendiendo de una frágil rama,
O bien sea en una confortable cama practicando sexo.
Pero; al igual que árbol permanece inmóvil,
Sujetado por sus propias raíces,
El hombre, está atado de pies y manos
Por las herrumbrosas cadenas de su destino.
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