El
sabor amargo del desprecio
El sabor amargo del desprecio
Me envolvió con su manto tenebroso;
Cada cual, tiene
sus propias alas para volar a donde quiera;
Pero los sueños, golpean contra la pared de la
indiferencia,
Siendo la guadaña invisible que destroza el alma;
Haciendo de tu ser, un barco de papel navegando a la deriva.
La competencia en el amor es dura,
A veces, demasiado cruel,
Cuando eres juzgado por la apariencia;
Pues la apariencia, es un juego de sombras chinescas
Donde no se puede ver qué clase de licor hay en la copa
Ni apreciar
de qué especie son las flores del ramo.
Cundo alguien te desprecia sin haberle hecho nada
malo,
Todo el afecto se convierte en provocativa alarma.
Hoy me has cerrado la puerta
Ignorando que yo, no tenía idea de entrar,
Aunque me lo hubieses pedido por favor.
Pues aunque mis ojos adoraban tu espectacular tipo
Poco a poco,
lo iba apreciando más vulgar,
Si acaso, con morboso deleite.
Si la pobreza insulta,
La turbia mentira produce bilis.
¡Yo no soy tal y como te han descrito!
Y tú, te has preocupado muy poco en averiguar
Si dicho chisme era tan solo una vil calumnia;
Por eso, antes de juzgar, piensa en que tú
También tienes alguna razón para despreciarte.
Has apagado mi luz, pensando que quizá,
De ese modo pudieses iluminar tu vida;
Ahora, nuestras vidas serán ajenas;
Las nubes de mi cielo no taparán más tu sol,
Nunca sabrán tus labios el sabor de mi boca
Y nunca nos diremos hasta luego;
Pues tú, me dijiste adiós al darme la espalda;
Pero si de ese modo eres feliz, continua;
Yo también se esquivar la mirada,
Lo he aprendido de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario