Que una caricia suya es puro fuego,
No le veo defectos, estoy ciego,
Enarbolando dicha alegría.
Su jubiloso encanto es romería
Cuando me someto a su apacible juego,
De entrelazar los cuerpos para luego,
Libar las mieles de su compañía.
Ante la adversidad se muestra fuerte,
Desafiando incluso hasta la muerte
Con su fulgente antorcha enamorada.
El Eterno le entregó risa de oro
Cual legión de ángeles cantando a coro
Un día de festivo en la alborada.
***



