La
leyenda de Eugea
Eugea,
la prostituta sagrada a la que los hombres se entregaban.
La
leyenda afirmaba que ningún hombre de la época podía sobrevivir luego de pasar
una noche de placer junto a ella, ya que sus clientes-o víctimas- eran
recibidos en el Olimpo por Afrodita, después de haber completado su experiencia
sexual.
Según
los dotes amorosos y sexuales que poseía Eugea, eran tan extraordinarios y
grandiosos que los hombres más ricos de Grecia y el Cercano Oriente entregaban
sus fortunas y se acercaban al templo solo para
morir sintiendo el placer que esta
les proporcionaba.
Pausanias,
quien describió de forma explícita a esta mujer, y además aseguró que Eugea,
participó y fue responsable en la muerte de miles de hombres, relató también
que antes de pasar una noche con ella, los visitantes debían dejar una pequeña
fortuna en algún lugar del Templo donde
esta se encontraba, y un juramento por escrito de que si por alguna razón
lograban sobrevivir a la fogosa noche de pasión, no revelarían bajo ninguna circunstancia
ninguno de los secretos y prácticas sexuales de Eugea; Ni siquiera cuando
muriera su alma y se marchara al Hades.
Una
vez que estas garantías eran ofrecidas y se cumplía todo el protocolo, el cliente
podía ingresar a una especie de cámara o aposento en donde Eugea, se encontraba
envuelta en velos de seda y en un ambiente muy romántico y sensual.
A
continuación, la hieródula desplegaba su sublime, desconocido y mortal repertorio
de artes sexuales y amatorias la cuales conducían a un mismo e inevitable
final: La muerte del visitante; pero de la forma más dulce y placentera
posible.
Aquel
infortunado amante de una noche moriría irremediablemente con una sonrisa en su
cadavérico rostro, lo cual indicaba que sus últimos momentos habían sido los momentos más placenteros que había experimentado
a lo largo de su vida.
Las
Eugeas actuales
Sólo
buscan patrimonio,
Y
casan por dinerales
Que
obtienen con el divorcio.
Hay
esposas virtuales,
Todo
es alegre y pomposo,
Con
la belleza a raudales;
Mas el sentir, mentiroso.
Pero
van de boca en boca,
Y
eso es lo que va a la gente,
Aunque
seas una loca,
O
esposa del presidente.
Y
es que el amor ya no existe,
Pues
no existe ni aún la muerte;
Cuando
el recuerdo persiste
Y
se encadena a la mente.
Eugea
mataba de amor
Y
el placer alzaba al pódium;
Ahora
te mata el rencor
Que
está a un pasito del odio.
¿Qué
prefieres morir triste
O
morir con la sonrisa?
Son
dos formas de morir
Y
la muerte…¡Tiene Prisa!




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