Vagando
por un mundo domado
A veces, pienso que soy como el sufrido yunque
Capaz de soportar los golpes con maza de acero;
Otras, sensible. Pues mis sandalias
están desgastadas
Y mis ropas pobres no soportan el leve
aguacero.
A veces, me siento desnudo, y mis
retinas,
No pueden ver mi presente, ni mi
desvergonzado cabello;
La luz grisácea de la ciudad me anima
A recostarme a la sombra igual que un perro,
Apuñalado por el fulgor de las
estrellas
Y las medusas de este desvencijado
imperio.
Mis desenraizadas arterias buscan con afán
lo nuevo,
Mientras mi corazón muerde los
cuchillos de su risa
Y las piedras calizas que marcan el sendero;
Empujado a vagar por un mundo domado
Cosechando las limosnas que da el
cielo.
El amor me ata con sus hilos de seda
Y las lágrimas proféticas desgranan
los anhelos,
Capaces de subyugar a las pasiones más
salvajes
Imantadas de parábolas y evangelios.
Cayendo al precipicio espiritual las sombras
Uncidas por los melancólicos
recuerdos;
Cual farallones inertes de un crepúsculo
Donde se paladean los placeres de los
muertos.

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