Cuando
tu belleza se extinga
Cuando las canas blanqueen tus dulces
sienes
Adormecidas en la belleza y tu alegre
gracia,
Se oirá la voz de un hombre diciendo
que:
Las estrellas, siguen en el mismo
lugar,
Lo mismo que su amor flota sobre la montaña.
Quizá, se encuentre más cansado,
Quizá, en su rostro pueda leerse el
libro de su vida;
Pero seguirá convencido que no se
equivocó
Al enamorarse de un sueño consagrado a
tus ojos.
Hoy en su sombría morada, late su corazón
Buscando en las espumas del firmamento
La senda capaz de guiarle hasta tus
pies errantes.
Las leyes del corazón siguen vigentes,
Aunque la polilla asesina de los
recuerdos
Lo guíen hasta los lirios fríos que
crecen en su pecho.
El mundo se desvanece y abandona su
trono
Para buscar la llama del abismo
estrecho,
Donde deberá consumirse, como se
consumen los pasos
En las vías férreas, impregnadas de
misterios solitarios.
Los inciensos se evaporan, y la belleza
se extingue,
Sólo los ojos de la lluvia absorben el
circuito celeste,
Donde se extravió un corazón humano sujeto
con horquillas de oro.
Se recitan pobres versos de amor
Que, como el vino en barrica, envejece
para morir,
Pues su ardor, pierde el miedo para
expandir su secreto,
Los delirios de un amante que feliz
vivió a tu sombra.
Hoy puedo gritar que el amor aún sigue
en el alma mía,
Un amor rodeado de sombras perdidas
En las cuerdas de una lira que siempre
fue joven;
Y libre como el viento en el mar
extenso.
Ahora, ese viento soy yo. Y tú, la adorable
balada
Que todo el mundo tararea.
¡Ojalá quiera Dios!
Que vuelva a surgir otro amor como el
mío
Aunque éste, acabara por los celos
consumido.

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