La
princesa
con
la que siempre soñaba
En el jardín de las rosas
Entre ellas una destaca,
Tiene curvas peligrosas
Y sin pretender me ataca.
Enarbola sus delicias
Y me clava aguda estaca,
Como si fuera un vampiro
Para adueñarse del alma.
Si me pregunto qué he hecho
Mi corazón dice ¡nada!
Más ella enciende mi pecho
Simplemente con mirarla.
Y es que es encantadora
Y su figura me encanta,
Como a un goloso niño
Pueda encantarle una tarta.
Ayer me miró y me dijo
Que por qué yo la miraba,
Que si no había visto hoja verde
En mi vida descarriada.
Yo le contesté que no
Porque a ella nadie igualaba,
Que sentía fascinación
Porque era sobrehumana.
Ella de mí se río,
Con profunda carcajada,
Como se nos ríe el sol
Al despuntar la mañana.
Mirar no está prohibido;
Pero hay miradas que embriagan,
Y yo he sido un atrevido
Al pretender conquistarla.
De modo que di la vuelta
Ofreciéndole la espalda,
Cuando sentí en mis hombros
Una mano que posaba.
Yo detuve mi camino
Para verle bien la cara,
Y era la rosa que vino
Para decir que me amaba.
Aquello fue una sorpresa
Que para nada esperaba,
Pues era de la princesa
Con
la que siempre soñaba.

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