Canción futurista
Llegaron a mí sin necesidad
de tener que ir a buscarlas.
Yo, era el príncipe de la tierra;
No por méritos propios,
sino debido a factores externos
Ya no había otros príncipes,
ni reyes ni súbditos.
Todos los posibles rivales
habían sucumbido
a causa de aquel Armagedón,
bien fuese a causa del frío,
del hambre, o por los horribles virus
endémicos que envolvían al planeta
Mi aislamiento fue mi aliado;
mi previsión fue mi provisión,
y mi provisión, dio la fuerza
para mantenerme en pie.
Todo estaba desolado.
Sin savia verde, sin vida.
Todo era nieve, viento y hielo.
El día, se limitaba a unas pocas
horas de luz, tenue, y difusa.
El horizonte, se envolvía
en nubarrones grises,
engendrados por desorientadoras
nieblas impenetrables.
El silencio era sepulcral,
sólo perturbado por los aullidos del viento
y mis gemidos de queja.
estaba viviendo en un planeta inhóspito,
perteneciente a otro mundo
fuera de nuestra galaxia
con una sola estación.
En esa endeble situación,
en la que nadie podía imaginar,
sin víveres, sin cosechas futuras;
yo estaba allí, en mi páramo gélido,
en mi retiro espiritual,
cuando tres azucenas blancas de pelo azul
llegaron a mí, exhaustas,
hambrientas, casi muertas de frío.
Pese a las futuras complicaciones,
que alcanzaban hasta mi propia existencia,
las acogí gozoso,
ofreciéndoles todo lo que poseía.
Las flores, de pétalos moribundos
tomaron vida, y quizá
pensaron que sus vivencias recientes
fuesen fruto de una pesadilla;
Y que como todos los sueños,
acaban desvaneciéndose
dentro de la oscura nube de realidad.

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