Nunca olvidarás mi sombra.
Me tendrás en los bolsillos
Y no olvidarás mi sombra,
Más lamentarás llorando
El desvarió de tu rosa.
El fantasma de la gloria
Aviva mi fuego de cadáver,
pues esta es la triste historia
al que cerraron con llave,
Que engañó a los horrores de los años;
Espejo azul que enmascara
Y se enfada con su negra cruz.
Sufrir por haber sufrido
Es una mirada errada,
Pues el lustroso colorido del alma
Viaja en la nube estrecha de la vejez,
Adueñándose del rastrojo del mundo
Cuyos tallos de falsedad
Buscan el secreto de la perfumada rosa.
Pero a veces, el orgullo se esconde en el alma
Absorbiendo la fecunda llovizna del amor,
Donde cada centímetro de piel
Es elevada por los vapores que flotan
En los azulados nimbos de la melancolía.
La selva del cielo,
Ruje ante la llamada del alba,
Donde los besos de la mujer amante
Se enredan en las lianas del triunfo.
Mientras los labios escarlatas,
hacen escala en los albores de las mañanas
Cuyo peine dorado
Expande sus rayos vehementes,
Dejando sus luminosos manuscritos
En el etéreo fragor de la batalla melancólica,
Que acuña con su delirio universal
A la fauna de la ciudad de barro.
Ya me tienes en los bolsillos,
O así me lo hacen creer tus pupilas dilatadas
Junto con el temblor
De tus fogosos labios;
Que como culebrillas de relámpagos
En las tormentas del atardecer,
Estremecen tu estómago;
Pues por más que remes contra la corriente erótica
Esta te arrastrará con su armoniosa lujuria.
El cáliz universal derrama su pasión
Sobre las narcisistas calaveras
que sólo miran su ombligo materialista
Para satisfacer sus instintos primitivos.
Fauna de la noche concentrada
En el parque oscuro de la conciencia,
Donde el botellón campa a sus anchas
Ignorando el mañana con su colosal resaca.
Tarántulas negras hacen sus nidos
Bajo los sobacos de los centauros arrogantes,
Y donde el aroma del pachuli, es extendido
Por el aleteo continuo de los murciélagos errantes.


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