Abuela, qué guapa eras de joven
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
El otro día vi una foto
de mi abuela cuando joven,
Qué bello era su rostro,
igual que un ramo de flores.
Recién cortado en el prado
con dulcísimos fulgores.
Que alegría, qué alegría, que alegría...
Que alegría, su rostro desprendía;
Qué brillo el de aquellos ojos,
como las nieves alpinas,
y aquellos labios tan rojos
que amapolas parecían.
Aaaaah, aaaaah,a aaaah, aaaaah...
Qué sonrisa, qué sonrisa, qué sonrisa...
Qué sonrisa tan divina,
pues parecía una sinfonía
del gran maestro Beethoven.
Pues así era la sonrisa
de mi abuela cuando joven.
No tenía canas entonces,
disfrutaba de la vida,
sin los malditos dolores
que ahora tanto me atosigan.
Cuando alguien es joven
y no tiene enfermedad,
es como un ramo de flores
que se acaba de cortar.
Fresco, fragante, bonito,
deseado por los demás,
¡Y qué ancho es el camino
por donde debes pasar!
Siempre miras hacia delante,
el pasado nunca cuenta,
ni un futuro por llegar.
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
Tan solo existe el presente,
la auténtica realidad.
Ahora mi realidad es esta
y todos han de llegar,
a ver sienes plateadas
donde había dorado trigal.
Pero lo importante de esta vida
es vivir para contar,
que existe la primavera
y un bellísimo rosal,
donde la flor más preciosa
es la primera en cortar.
Y esto es nieto querido
lo que a ti te ha de pasar,
si tienes la inmensa suerte
de vivir ochenta o más.
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...

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