Habrá otras nubes pensaron
que sombras habrán de dar,
por eso a mí me dejaron
y fueron a pasear.
Yo les explique el problema
y el panorama mundial,
que era todo una anatema,
y todo habría de explotar.
No estaban dispuestas pues
a mantenerse en mi círculo,
dentro de mi círculo de veinte hectáreas
y todavía menos
favorecer algún lazo afectivo,
negándose a satisfacer un deseo.
a la primera y única que se lo pedí.
Por tal motivo,
quise dejar de ser el objeto de su infortunio
dándoles la oportunidad
de que siguiesen viajando
hasta ver cumplidos sus sueños de yupi.
-¡Regresad por donde habéis venido!
Les abrí la puerta y marcharon.
y a cada paso que daban,
sus piernas se volvían pesadas como el plomo.
Llegando a un punto que
les incapacitaba para continuar.
Se pararon, y tras cuchichear entre ellas
varios segundos,
decidieron abandonar sus delirios,
tragándose las ruinas de su orgullo.
Miraron para atrás
y al comprobar que les seguía con la vista,
pensaron que lo mejor sería
regresar a la seguridad del refugio,
pensando de forma materialista
e inteligencia práctica,
que, más vale pájaro en mano
que cien volando,
sin tener en cuenta que yo,
era de ideas fijas,
y que quien me la hace,
lo acaba pagando.
No os quiero- les dije.
Sois unas desagradecidas.
Si os mande a que subierais por la escalera,
es porque era yo quien de forma altruista
dicha escalera sujetaba.
Ahora, tendréis que subir la escalera del cielo
sin nadie que os ayude.
Y si os caéis ¡mala suerte!
Simplemente me limitaré a recoger vuestros restos.
¿Por qué soy así de malo?
Yo era bueno, hasta que la gente me volvió como ellos.
No se pueden hacer favores
de forma gratuita,
porque entonces,
cabe la posibilidad de pensar que,
al ser gratuitos, no tengan ningún valor.
Ahora, si alguien quiere algo de mí,
tendrán que pagarme al contado
aunque sea con monedas de carne
¡Y además, por adelantado!
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