domingo, 16 de septiembre de 2018

siluetas de cera


SILUETAS DE CERA

 

Dadme miel, mucha miel,

para derramarla en las estepas de la conciencia.

Pues tengo miedo,

más que un niño desamparado.

En mi conciencia aún persiste un sueño erótico,

una visión de ríos en la tibieza de la tarde,

en cuya libertad, el espacio, elevaba sus alas

por un mundo bañado en trigo.
 

Hoy, siluetas de cera perpetúan su risa,

mientras un ejército de espíritus sin voluntad

se desgañitan ante la locura de un crepúsculo

que como un muro de bronce corta el campo.
 

Látigos mortíferos arrastran su lengua de sierpe

saboreando el griterío sobrecogedor

de la población civil,

embargada con el siniestro rito de beber de un golpe

la pétrea verdad, etílica esperanza

que lucha y manifiesta en la mortal indiferencia,

climax otoñal de mil pájaros de fuego,

  diluidos  en las mansiones humanas.

 

Fulgura el hacha inmóvil

clavada en las anchas espaldas de la luna.

Su corazón de cera palpitante

se extravió en la noche primigenia,

donde el ídolo en su desvarío

 alimentó su orgía tenebrosa

absorbiéndole la negra sangre

a la esponjosa piedra pómez.
 

Mil vigías invisibles

se arrodillan ante el paso ceñido

de la sierpe tránsfuga.

Su mirada quebrada por el cansancio

aletea  en los ojos de los dioses

 que duermen bajo su manto de luciérnagas.

La nube con rizosa cabellera de bejucos

lanza su relámpago de victoria

sobre las cenizas de la mañana,

mientras una mueca helada

se estrella en el maíz de las estrellas.
 

El alba derrota sus múltiples brazos

por el oro caliente de mansa locura,

y un petrificado mar de risa hueca

destila sus olas sonoras

en el rompiente ocaso

donde baila el verde cataclismo

al compás del cien pies de la mujer.

Combustible cereal

 almacenado en su falso mundo

donde se pinta la voz y se modela el viento.

* * *

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