SILUETAS
DE CERA
Dadme miel, mucha miel,
para derramarla en las estepas de la
conciencia.
Pues tengo miedo,
más que un niño desamparado.
En mi conciencia aún persiste un sueño
erótico,
una visión de ríos en la tibieza de la
tarde,
en cuya libertad, el espacio, elevaba
sus alas
Hoy, siluetas de cera perpetúan su
risa,
mientras un ejército de espíritus sin
voluntad
se desgañitan ante la locura de un
crepúsculo
Látigos mortíferos arrastran su lengua
de sierpe
saboreando el griterío sobrecogedor
de la población civil,
embargada con el siniestro rito de
beber de un golpe
la pétrea verdad, etílica esperanza
que lucha y manifiesta en la mortal
indiferencia,
climax otoñal de mil pájaros de fuego,
diluidos en las mansiones
humanas.
Fulgura el hacha inmóvil
clavada en las anchas espaldas de la
luna.
Su corazón de cera palpitante
se extravió en la noche primigenia,
donde el ídolo en su desvarío
alimentó su orgía tenebrosa
absorbiéndole la negra sangre
Mil vigías invisibles
se arrodillan ante el paso ceñido
de la sierpe tránsfuga.
Su mirada quebrada por el cansancio
aletea
en los ojos de los dioses
que duermen bajo su manto de luciérnagas.
La nube con rizosa cabellera de
bejucos
lanza su relámpago de victoria
sobre las cenizas de la mañana,
mientras una mueca helada
El alba derrota sus múltiples brazos
por el oro caliente de mansa locura,
y un petrificado mar de risa hueca
destila sus olas sonoras
en el rompiente ocaso
donde baila el verde cataclismo
al compás del cien pies de la mujer.
Combustible cereal
almacenado en su falso mundo
donde se pinta la voz y se modela el
viento.
* * *






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