Los restos mortuorios
de una novela
"Relato"
"Relato"
Que
nadie me pregunte qué día del año era. Pero hacía un frío terrible,
intensificado por las ráfagas del cierzo, hecho por el cual, hacía que se me
pusieran los cabellos de punta.
Iba
yo por el campo. No recuerdo qué es lo que estaba haciendo allí; pero allí
estaba. Cuando aplastada en un ribazo, hallé los restos mortuorios de una novela.
Se
encontraba sin tapas, aplastada a la tierra, como las alas de un pájaro al que
le faltan plumas, impidiéndole su capacidad de vuelo.
No
sin cierto rubor e indignación a la vez,
tomé en las manos el grueso de aquella novela, cuyas páginas, como crespones en movimiento, completamente
sucias, con manchas cual lepras verde amarillas, y que el viento hacían avivar
su repugnante olor, mezcla de orines y
azufre, hasta el punto de que tiraba
para atrás. Pero pese al repelús de asco de la primera impresión, me
atreví a ojearla, quizá transportándome al pasado, cuando recién salida de la
imprenta rezumando olor a celulosa y tinta, y con una bonita encuadernación,
llegó por primera vez a manos de su dueño. Quién sabe si sería una persona
ilustrada, o simplemente un ciudadano de a pie, al que tan solo pretendió con su compra, pasar
un rato entretenido con aquellos sueños que el autor le ofrecía.
Por
lo que pude entresacar de su trama, iba sobre un pintor, que un día, paseando por el Central
Park de Nueva York, vio a una hermosa joven de cuerpo escultural sentada en un
banco, y le propuso que posara para él desnuda, para inmortalizarla en uno de
sus lienzos. Poco a poco, y sin darse cuenta, se enamoró perdidamente de ella,
ignorando que aquella joven, en realidad era una prostituta con falta de
cariño. ¡Qué triste! ¿Verdad?
Pues
también resultaba triste, el llegar a
pensar de cómo llegó a tan lamentable
estado aquella novela. Abandonada a su
suerte, huérfana de cariño, desintegrándose página a página, con todo su interior impregnado de
melancólicos recuerdos. La rémora del tiempo, a veces cruel, se estaba
encargando de esparcir a los cuatro vientos aquellas páginas, como si fuesen
las hojas secas de un álamo al triunfar el otoño. Pero con seguridad, cuando
aquella novela tan sólo era un germen en el cerebro
de su autor, nunca llegaría a imaginar, que todas aquellas horas de
desvelos, intentando entrelazar palabras, para formar frases, y después
capítulos, y que posiblemente tardara
años en concluirla para ver reflejado en ella su sueño, pudiese acabar su vida
de forma tan trágica. Quizá el autor, se ilusionó con la idea gloriosa de que
llegase a formar parte de una biblioteca, y que alguien, a modo de caricias, voltease suavemente sus
páginas impregnadas de ensueños. ¡Pero así es la vida! Un fanal, donde hasta la
cultura se desvanece permaneciendo en el
abismo silente del olvido.
Puesto
que su destino ya estaba predestinado, es decir, convertirse en polvo, como al
final de nuestros días acabaremos todos.
Tras
ver de qué iba, volví a dejarla en la misma posición en que la encontré; Pero
curiosamente sucedió, que en aquel momento, una ráfaga de cierzo más intensa
que las anteriores, hizo que aquellos restos mortuorios, cobrasen vida. Pues
comenzó a volar por los aires como si se tratase de una blanca paloma. Quién
sabe, si para volverse a desplomar en otro ribazo, donde otro soñador y
mensajero del viento, volviese a ojearla para descubrir sus sueñossssssssssssssssssssssssssssssss.
“No es un borrón, tan sólo es la huella delatora
de una furtiva lágrima”



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