FUEGOS
FATUOS
Fluye
sobre mis sienes la aureola del crepúsculo,
justa
es esa señal histórica,
y dura
la telaraña del cielo
Albas
y noches extienden sus alas imperiales
cual
desnutridas golondrinas
que
transportan los años
con el
soplo de los vientos
desde
un horizonte ya olvidado,
como
mis problemas juveniles de trigonometría.
Creí
de niño que la vida se bebía a tragos
largos,
más
tarde me he dado cuenta del pueril engaño,
los
hombres son mortales
y los
cementerios yertos, reales,
impregnados
de fuegos fatuos
como
la vida misma.
La
muerte inmemorial se hunde
y se
hunde la aureola de libertad
sublimada
esta a corrupciones agónicas,
como
un fantasma en el regazo del futuro
con su
amasijo de historias proscritas.
La
herrumbre del sol
inquieta
las pasiones de la guerra,
desenterrando
el error de la Natura ,
que
desborda los silencios
agolpados
en el alma.
El
árbol de la vida entenebrece,
y el crisol de las espumas
se
dilatan en las algodonosas nubes
empujadas
por los aquilones otoñales,
ávidos
de extravagantes escalofríos,
capaces
de llenar las ánforas celestes
que
gravitan al final del viaje,
donde
silentes rezuman
los
amargos exilios.
El
llanto y la risa se conmueven
ante
el sumiso hálito de nuestra fábula,
embebida
de incendios
promovidos
por hordas
de
crepúsculos de yeso
arremolinados
en el fondo
de
nuestras vidas errantes,
enloquecidos
por las rubias transparencias
de la
sutil aurora.
allí
están nuestros orígenes,
nuestra
pena, el seco arenal,
Las
cenizas del impávido remanso del alma.
Afligida
geometría de un sol boquiabierto
que
desciende cada día evanescente,
engullendo
nuestro vacío interior,
con
nuestras extravagantes visiones,
virutas
de mohosos silencios
acuñados
en la vida ilusa,
donde
convergen las orillas mortuorias
y la
fuente ebria del sol.
* * *









No hay comentarios:
Publicar un comentario