viernes, 21 de septiembre de 2018

Fuegos Fatuos


FUEGOS FATUOS
 
 

 

 

Fluye sobre mis sienes la aureola del crepúsculo,

justa es esa señal histórica,

y dura la telaraña del cielo

con su tenue resplandor de candileja.



 

Albas y noches extienden sus alas imperiales

cual desnutridas golondrinas

que transportan los años

con el soplo de los vientos

desde un horizonte ya olvidado,

como mis problemas juveniles de trigonometría.




 

Creí de niño que la vida se bebía  a tragos largos,

más tarde me he dado cuenta del pueril engaño,

los hombres son mortales

y los cementerios yertos, reales,

impregnados de fuegos fatuos

como la vida misma.

 

La muerte inmemorial se hunde

y se hunde la aureola de libertad

sublimada esta a corrupciones agónicas,

como un fantasma en el regazo del futuro

con su amasijo de historias proscritas.

 

La herrumbre del sol

inquieta las pasiones de la guerra,

desenterrando el error de la Natura,

que desborda los silencios

agolpados en el alma.

 

El árbol de la vida entenebrece,

y  el crisol de las espumas

se dilatan en las algodonosas nubes

empujadas por los aquilones otoñales,

ávidos de extravagantes escalofríos,

capaces de llenar las ánforas celestes

que gravitan al final del viaje,

donde silentes rezuman

los amargos exilios.



 

El llanto y la risa se conmueven

ante el sumiso hálito de nuestra fábula,

embebida de incendios

promovidos por hordas

de crepúsculos de yeso

arremolinados en el fondo

de nuestras vidas errantes,

enloquecidos por las rubias transparencias

de la sutil aurora.

allí están nuestros orígenes,

nuestra pena, el seco arenal,

Las cenizas del impávido remanso del alma.
 

Afligida geometría de un sol boquiabierto

que desciende cada día evanescente,

engullendo nuestro vacío interior,

llenándose cada día una página de la historia,
 

con nuestras extravagantes visiones,

virutas de mohosos silencios

acuñados en la vida ilusa,

donde convergen las orillas mortuorias

y la fuente ebria del sol.

* * *

 

 

 


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