El
hombre con su inteligencia laica
puso
otras luminarias en el cielo,
ardió
en su mente el ojo negro de la vanidad
engarfiada
al presuntuoso arpón
de
todos los principios.
La
futura luz de la firmeza
aclaró
el invierno de la angustia estrecha,
en
disonancia con el cuervo anoréxico
que
desnudó la impotencia de sus ojos
El
fuego del martirio
exterminó
las leyes del DERECHO,
como
el león feroz
doblega
la libertad de las gacelas contemporáneas.
Su
sangre, fruto aún caliente,
se
exhibe en la execrable barbarie.
Geométricos
lamentos
Vivimos
en medio de animales
de
largos dientes y rabo.
Víboras
de ojos de fuego
que
despliegan sus laceradas banderas
sobre
las vísceras de LA NOCHE ETERNA..
Pero
el hombre no se extingue,
sino
que siente en sus carnes
la
voracidad de un río de sueños
que
no habrán de despertarse
mientras
continúe la trágica danza
que
arrolla el vórtice del tiempo
*
* *






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