Penumbras yertas
Trémulos
quejidos de cigarras
se elevan como
halcones en la noche,
hora de
desazón y remolino,
frágil
cañaveral trenzado
a la estrecha ribera de la vida.
a la estrecha ribera de la vida.
Ínsula gris de
la memoria
que desea
desvanecerse en la mayor de las venturas
Cariátide de
sombra adormecida
leonada vestal
que con fulgor vacilas,
no sé si
posees ojos de bruma o cenizas del viento.
Lagrimea la
noche de tallo débil
¡Qué florido
está el cañaveral con su lujo de oro!
Tal si se tratase del áureo palo de un gallinero
que se
resquebraja lentamente.
El futuro se
abre en la mañana
y arde en el
fuego impetuoso
de las venas del
mundo, vasto y diverso
con su ciclópeo latir.
El
desmoronamiento de la lluvia
entre erráticos abismos boreales
se revuelca la noche con sus delirios de
cuarzo.
¡Arder en el
mediodía de la gloria!
¡Qué horror
de visiones a la deriva!
Conchas
escarlatas
Auras
milenarias de cifras y siglas,
etéreo mar
florido, ilusión virtual
sobre las
huecas riberas irisadas
como las
escamas de un salmón
que en las misteriosas penumbras de la noche
Estrechos
silbidos se propagan en la oscuridad tenebrosa
apaleando con
deslumbramiento
la frágil esperanza.
¡Oh noche! A
veces me despierto
con el alma
llena de tristeza y horror
con el vacío por todas partes,
Eres labio de
chacal,
ahumada veleta,
estruendo reparador
por la
oscuridad inquieta del pensamiento,
sortilegio
que gravita
sobre el
cristal ignoto del recuerdo.
Paloma torcaz
descendida con color de miel
con tus
fulgores se incuban auras y albas,
Arroyo fecundado
con chispas de desolación
o por el
prolongado y salvaje rugido
de un cielo proceloso, ¡sin horror ni piedad!
Este crudo
juego despliega lluvia de fuego
sobre el trébol de la suerte,
con
pensamiento de caracol pisoteado
por el sombrío Lucifer,
tras extinguirse el reconocido orgullo
En el fondo, quizás la vida no sea otra cosa
que la chamusquina de un escaso siglo
El mal está
en el pájaro preso en su jaula de oro
por el intento de modelar la esperanza.
El rayo se ha
puesto en fuga en su difusa nube,
centelleantes
pupilas negras
Murciélagos vampiros
pululan en la
oscuridad
con gritos
incesantes y plañideros
La noche
extiende sus alas de asfixia
para morir en
la gloria del olvido.
Propina de un
demente pordiosero
que aplasta
la filosofía de la luna.
Bufón que
mantiene en vilo
la gratitud, el furor y el engaño.
Llueve sobre
mojado en la charca de la memoria
pasarela del ensueño inalterable de la
corrupción,
alfeizar de
los albores del mundo
¡Oh, noche
primigenia!
La noche
renueva los sueños de neón
y las fatídicas fantasías.
La muerte ha
de llegar como una hermosa dama
Quiero morir
en las penumbras yertas
atravesado por los rayos de la luna,
descuartizado
por el silbo de los vientos
que arrastran
las quejumbrosas improntas
de latidos
miserables, turbados tal vez,
por los
encantadores gorjeos de los ruiseñores















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