Ya llamé al electricista
del amor
Parabarabaraban...
Esta bombilla no funciona,
o a veces funciona mal,
no termina de encenderse
y solo existe oscuridad.
y la oscuridad bien parece
o incluso no está nada mal
cuando entre esas penumbras
suceden cosas, que agradan
y que no voy a explicar.
No, no, no. Suceden cosas, ya está.
Hoy la bombilla no funciona,
hoy la bombilla va fatal,
pues tengo que ir a tientas
y no sé lo que voy a tocar.
Así es que he decidido,
he decidido llamar,
a mi buen electricista ,
que todo suele arreglar.
Qué bien, qué bien, qué bien,
mi electricista aquí esta.
el que arreglará la bombilla
y también todo lo demás.
Qué bien, qué bien, qué bien, qué bien...
Ya sube mi electricista
hasta el salón principal,
donde tengo la bombilla
que me funciona fatal.
El es ato y musculado,
ojos azules cual mar,
y unos dorados cabellos,
como un dorado trigal.
Qué manos, qué manos, qué manos,
Qué manos mas grades tiene,
como todo lo demás,
más sus manos son suaves,
pura seda es al tocar,
al tocar esta bombilla
que a mi me funciona hoy mal.
Ya se enciende ya se enciende,
y no deseo apagar
mientras él la esté arreglando
con su toque profesional.
Pues con él todo se enciende
hasta lo que oculto está.
Ya ha dado con la avería,
qué electricista más genial,
con unas manos muy grandes
como todo lo demás.
Pura seda, pura seda, pura seda...
Pura seda es al tocar,
al tocar esta bombilla
que hoy funcionaba fatal.
Yo le digo que se quede,
por si me vuelve a pasar,
mas dice, no te preocupes.
lo que usted diga y ya está.
Parabarabaraban, parabara, paraban...
Parabarabara, para, para, paraban...
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