domingo, 22 de febrero de 2026

Ya llamé al electricista del amor

 






Ya llamé al electricista

del amor



Parabán, parabán, paraban, paraban...

Parabarabaraban...

 Esta bombilla no  funciona,

 o a veces funciona mal, 

no termina de encenderse

 y solo existe oscuridad.

 y la oscuridad bien parece

 o incluso no está nada mal

 cuando entre esas penumbras

 suceden cosas, que agradan 

 y que no voy a explicar. 

No, no, no. Suceden cosas, ya está.

 Hoy la bombilla no funciona,

hoy la bombilla va fatal, 

pues tengo que ir a tientas

 y no sé lo que voy a tocar.

 Así es que he decidido,

 he decidido llamar, 

a mi buen electricista , 

que todo suele arreglar.

 Qué bien, qué bien, qué bien,

 mi electricista aquí esta. 

el que arreglará  la bombilla 

 y también todo lo demás.

Qué bien, qué bien, qué bien, qué bien...

 Ya sube mi electricista

 hasta el salón principal, 

donde tengo la bombilla 

que me funciona  fatal.

 El es ato y musculado, 

ojos azules cual mar,

 y unos dorados cabellos,

 como un dorado trigal.

 Qué manos, qué manos, qué manos, 

 Qué manos mas grades tiene,

 como todo lo demás, 

 más sus manos son suaves,

pura seda es al tocar, 

 al tocar esta bombilla

 que a mi me funciona hoy mal.

 Ya se enciende ya se enciende,

 y no deseo apagar

mientras él la esté arreglando 

con su toque profesional.

 Pues con él todo se enciende

 hasta lo que  oculto está.

 Ya ha dado con la avería,

qué electricista más genial,

 con unas manos muy grandes

 como todo lo demás. 

Pura seda, pura seda, pura seda...

Pura seda es al tocar,

al tocar esta bombilla 

que hoy funcionaba fatal.

 Yo le digo que se quede,

 por si me vuelve a pasar, 

 mas dice, no te preocupes.

 lo que usted diga y ya está.  

Parabarabaraban, parabara, paraban... 

Parabarabara,  para, para, paraban...


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