Me apetece
Mmmmmmmh... Mmmmmmh...
puro como la nieve,
sobre un vestido negro
como el cabello que tienes.
Sin tintes, perfecto lo mantienes,
como ese cuello blanco,
blanco y puro como nieve,
por eso digo amor mío
que morderlo me apetece.
Me apetece, me apetece, me apetece...
Como le apetece el agua
a las ranas y a los peces.
Tu cuello blanco amor mío
mordisquear me apetece.
Ooooooh... Oooooh... Ooooooh...
Yo deseo morder tu cuello;
pero morder dulcemente,
para así darle yo el brillo
sonrosado que mereces.
Para aflorar tu sonrisa,
que tienes adormilada,
por eso tengo yo prisa,
pues veo tu luz apagada.
Revive, revive, revive, revive...
Revive ese cuello ardiente,
de unos besos amorosos
y unos mordiscos calientes.
Mmmmmmmh... Mmmmmmmh...
Mis mordiscos serán suaves,
como las plumas del ganso,
oyendo mis latidos graves,
aclamando tu descanso,
Vive, vive, vive, vive, vive.
revive ese cuello pálido,
que destaca sobre el negro
en un día que es soleado.
Revive tu corazón
con mordiscos embrujados,
a ti entrego mi pasión
con mordiscos deseados.
Hoy quiero mordisquear
ese cuello inmaculado,
cuyo blanco fulgor
al corazón me ha llegado.
Y yo quiero, quiero y quiero,
que no permanezca pálido;
por eso quiero ofrecerte
mordiscos apasionados.
Para que de esa manera,
tenga un color sonrosado,
un color que siempre gusta
al que es hombre apasionado.
El día está tormentoso,
cubierto con manto gris,
y quiero darle mi alegría
la alegría de mi existir.
Mmmmmmh... Mmmmmmh...
Déjame, déjame, déjame, déjame,...
déjame darme un paseo,
por tu blanquecina piel,
para hacerla sonrosada,
como le gusta a Manuel,
el hombre que a ti te ama
y desea solo tu bien.
Por eso quiero morderte,
para que te sientas bien,
y tú seas esa fuente
que a mí apagará mi sed.
. Déjame, déjame, déjame, déjame,...
Déjame darme un paseo
por tu blanquecina piel.
Mmmmmh... Mmmmmh...
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