El
silencio
II
Hizo inclinar mi mente,
Incapacitó de manos,
Y desterró a la profunda cueva
Donde se almacenan las palabras.
Como el alfabeto del árbol solitario
Cerré los ojos que albergan la esperanza,
Pues fruto de la subordinación
El hombre acaba siendo
esclavo de su espíritu,
Despojado de la risa,
Siendo el llanto la sombra del olvido,
Como el voto es olvidado
En la urna profunda,
Dando pábulo a la proteína
Que alimenta a la soledad.
Hay veces que, es preferible el silencio
A hablar y meter la pata;
Pues hay palabras que ofenden,
Causan daños irreparables,
E incluso se puede llegar al instinto cainita
Por culpa de una palabra dicha a la ligera.
Convencido estoy de que el verdadero poder
Se halla tras los muros del silencio,
Como una ortiga floreciendo
En el zócalo umbrío.
Algunos creen que enfermé
Al cubrirme con las escamas del silencio;
Pero no es así,
El silencio me hizo hurgar
En la caverna donde enterré mi alma;
Mis pies se negaron a caminar
Para no tropezar con las infidelidades,
Las groserías, y blasfemias.
Cansado ya de ver tantos hatos
Cargados con
problemas,
Y que los hombres soportan en sus hombros
Con inusitada desesperación,
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