jueves, 18 de octubre de 2018

En la isla coralina


 

 
En la isla coralina

 
Bom-bom-bom-bom-bom-bom...
Bom-bom-bom-bom-bom-bom...

Con  tempestuosos ecos
De cirros enfurecidos,
Mil hordas de sufrimiento
Vagan lanzando cuchillos. 
 

Uno dio en el corazón
De un ángel de luz cautivo,
Por el  sublime candor
De una perla del Pacífico. 
 

Era un amor imposible,
Las distancias eran largas,
Así hubiera sido un príncipe
De una esplendorosa patria. 
Bom-bom-bom-bom-bom...
Se olvidó de las costumbres
Que en aquella tierra arraiga,
Su gente como sus cumbres
Despiden fuego de magma.
 
Cuando en la isla coralina
Arribó con su velero,
De una piel de verde oliva
Se enamoró sin remedio. 
 
Bom-bom-bom-bom-bom-bom...
Collares de flores lindas
Ella colocó en su cuello,
Creyendo que ésta lo hacía
Por amor al marinero. 

 
Bom-bom-bom-bom-bom-bom...
Más luego llegaron otros
Con los dorados cabellos,
 Y aquellas mismas lisonjas
A todos les ofrecieron. 
 
Bom-bom-bom-bom-bom...
Se le eclipsó la razón
Y enlutó el brillo solar,
 Que con tamaña  luz ardió
Cegando su claridad. 
 

Se trocó el fulgor radiante
En cuchillo matarife,
Y aquel marinero errante
Se esfumó en los arrecifes. 
 
Bom-bom-bom-bom-bom...
Un día le vieron el barco
Navegando a la deriva,
Y en el timón encontraron
Un collar con flores marchitas.
Mil ecos de caracolas
por  su puente hoy transitan,
como fantasmas errantes
de una tribu primitiva. 
Se oyen alegres tambores
en la isla coralina,
Pues hasta ella llegan monjes
armados con gruesas biblias.
Bom-bom-bom-bom-bom...
Les cambiarán sus costumbres 
fuertemente allí arraigadas,
pues dirán que aquellas flores
que con generosidad regalan,
hacen que se abran las puertas
para que los diablos salgan.
Dicen que  son las flores del mal,
las que se adueñan del alma,
y poco a poco los vicios
van hurgando en las entrañas.
Hasta que s todo se convierte
en una fiesta bacana.
bom-bob-bom-bob-bom

   

 

 

 

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