martes, 10 de marzo de 2026

Salta a mi orilla

 



Salta a mi orilla





 Sería fantástico, fantástico, fantástico...

 si me visitaras de  cuando en cuando. 

Ya ves que yo no me muevo, 

que estoy aquí en el meandro, 

en una apacible orilla

 llena de paz y descanso.

¿Quién quiere comprar mi amor? 

Un amor muy  valorado,

 Todos los días  lo ofrezco

 lo ofrezco yo de regalo,

 es un amor puro y muy fresco, 

totalmente inmaculado.

En esta apacible orilla

 crecen  poleos perfumados,

 y hay libélulas que brillan

por los destellos creados,

 de un sol que nos ilumina

 sin hacer ningún reparo. 

Te estoy pidiendo que saltes

 y veo que te cuesta el salto,

 ¿A caso también tú quieres

 que en tus manos ponga un barco?

 Sería una exageración,

 este río mide un palmo, 

 y son de aguas cristalinas, 

 pues en él nunca  hubo fango. 

 No  me líes, no me líes, 

 que bastante  está  liado. 

Algunos ya se sonríen

 otros  me muestran su enfado, 

 a todos  pido  lo mismo, 

al revés y lo contrario.

 A nadie muestro dinero, 

yo lo guardo a buen recaudo,

 para que luego no digan

 que con dinero he comprado..

 Y es que el amor  verdadero

 ni se compra ni se vende, 

 y me da  igual el color, 

ya sea amarillo o sea verde. 

para mi solo es amor, 

 más hay gente  que no entiende. 

van cubiertos con visón

 porque le agradan las pieles,

 así haga más calor

 que el que una sartén contiene.

 A esa gente no la quiero 

 que se quede donde está, 

 pues la que busca dinero

 en mi poco encontrará. 

Aún estoy pidiendo a gritos

 que  una mujer a mí salte,

 pero tienen  mal oído 

o no hay quienes  la aguanten.

 En esta apacible orilla 

y bien pegado a un remanso,

 transcurre toda mi vida, 

pues nadie decide  el paso.

 Que se queden, que se queden, 

 que se queden donde están, 

 pues  si no me han escuchado

 ya nunca me escucharán.

 Adiós, adiós, adiós, adiós, adiós...

 Adiós o hasta nunca más.

 Ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah... 

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