Salta a mi orilla
Sería fantástico, fantástico, fantástico...
si me visitaras de cuando en cuando.
Ya ves que yo no me muevo,
que estoy aquí en el meandro,
en una apacible orilla
llena de paz y descanso.
¿Quién quiere comprar mi amor?
Un amor muy valorado,
Todos los días lo ofrezco
lo ofrezco yo de regalo,
es un amor puro y muy fresco,
totalmente inmaculado.
En esta apacible orilla
crecen poleos perfumados,
y hay libélulas que brillan
por los destellos creados,
de un sol que nos ilumina
sin hacer ningún reparo.
Te estoy pidiendo que saltes
y veo que te cuesta el salto,
¿A caso también tú quieres
que en tus manos ponga un barco?
Sería una exageración,
este río mide un palmo,
y son de aguas cristalinas,
pues en él nunca hubo fango.
No me líes, no me líes,
que bastante está liado.
Algunos ya se sonríen
otros me muestran su enfado,
a todos pido lo mismo,
al revés y lo contrario.
A nadie muestro dinero,
yo lo guardo a buen recaudo,
para que luego no digan
que con dinero he comprado..
Y es que el amor verdadero
ni se compra ni se vende,
y me da igual el color,
ya sea amarillo o sea verde.
para mi solo es amor,
más hay gente que no entiende.
van cubiertos con visón
porque le agradan las pieles,
así haga más calor
que el que una sartén contiene.
A esa gente no la quiero
que se quede donde está,
pues la que busca dinero
en mi poco encontrará.
Aún estoy pidiendo a gritos
que una mujer a mí salte,
pero tienen mal oído
o no hay quienes la aguanten.
En esta apacible orilla
y bien pegado a un remanso,
transcurre toda mi vida,
pues nadie decide el paso.
Que se queden, que se queden,
que se queden donde están,
pues si no me han escuchado
ya nunca me escucharán.
Adiós, adiós, adiós, adiós, adiós...
Adiós o hasta nunca más.
Ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah...
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