sábado, 3 de julio de 2021

La vida continua "Relato"

 

“La vida continua”

Relato

 


Tus labios eran finos de bello trazo. Tus cabellos oscuros de brillante caoba. Eras joven; Pero no aceptabas las marcadas huellas de   los años con sus arrugas de  sabiduría, impresas con sus patas de gallo en tus oblicuos ojos.

Eras una fruta arrugada por su propia maduración ¡Qué horror! Y pensaste que había que poner remedio. Y como el dinero no suponía ningún problema para ti, por tenerlo por castigo, te pusiste en manos de los cirujanos plásticos, entre otras cosas para colocarte votos en los labios. Los cuales, pintados de un rojo llamativo, parecían dos capullos de amapolas pidiendo amor.

Ahora tocaba presumir de una segunda juventud, transformándote en una muñequita barbeé. Creyendo que ese era el prototipo de belleza que a los hombres fascina y vuelven locos.

Conseguiste una delgadez tan extrema que provocaba escalofríos. Siempre a base de andar mucho, comer poco y follar menos. Pero en realidad, habías conseguido ser un auténtico esqueleto andante, que hasta el espejo protestaba de aquel silbido estrecho, que se había salido de los cánones de la  belleza femenina. Lo que es indudable es que eras distinta. Una verdadera campeona de natación. ¡Nada por delante y nada por detrás!  O lo que es lo mismo: la sombra de un espigado ciprés, que se alarga más si cabe cuando se descubre la ventana del crepúsculo.

El problema es que para la inmensa mayoría de los hombres que así se consideren, esos cambios estéticos no les impresionaban. La indiferencia era total. Veían una silueta pasar a su lado y la dejaban pasar olímpicamente, sin arriesgarse a soltar una palabra de amable cortesía, ante el temor de meter  la pata. Pues podría darse el caso que más luego, albergaras falsas esperanzas.

No obstante, tú estabas en la convicción de ser un Ferrari, que al colocarte algunas cintas de seda de color rosa, una gorrita propia de las azafatas de las carreras de bólidos, con lentes de sol grandes y azules, ello te daba más solera, más clase y mayor postín.

Pasado un tiempo veías que todo seguía igual. Pues tu vida seguía con la misma monotonía, carente de emociones fuertes capaces de provocar una subida de  adrenalina.

Tus cabellos rubio platino, no deslumbraban con el fulgor que suponías; Pero eso, no era ningún problema que no pudiese arreglar  una experta y  paciente peluquera, colocándote algunas  mechas  azules y moradas.

¡Sí! habías cambiado de  cabo a rabo; Pero el verdadero cambio que radica en el amor propio se quedaba tan arrugado como tus patas de gallo.

Los años no pasan en baldes;  Son una losa que aplasta. Luego si no aceptas el envejecimiento, entonces es que no has comprendido el sentido de la vida. Una vida que sigue su ritmo, buscando esa meta que será cruzada por todos aquellos automóviles que le haya aguantado el motor.

Querías ser un Ferrari último modelo ¡Qué ironía!, cuando conduces un Citroën Sara, tan anticuado que, puede que no lleve ni aire acondicionado. Parece mentira que estés casada con un millonario. Aunque este millonario, debe ser tan tacaño que, todos sus esfuerzos, van encaminados a vivir miserablemente, para poder permitirse el lujo de decir que es rico.  Un millonario que trabaja hasta los días de fiesta de guardar.

¡Qué fracaso, desear ser el más rico del cementerio! Cuando los gusanos igual devoran  al rico que al pobre, al feo y al guapo, al gordo y al flaco, a las muñecas chochonas y a las barbeé.

Más por extraño que parezca, te salió un admirador ¿Y qué pasó? Que lo obviaste. Aunque él, sólo pretendiese tener una aventura loca contigo.

¡Con la de hojas que hay en el bosque! ¡Con la de cantos rodados que tiene el río! Pero cuando una puerta se cierra se abren diez ventanas. Y tanto se puede entrar por una puerta, que por una ventana.

La paradoja de todo es: “Que la vida continua”

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