Devoradora
de almas y conciencias
Cuatro días sin saber de tu vida
Es para mí demasiado castigo;
Es la horrible piedra que lapida,
De ello, mi corazón es fiel testigo.
No soporto la negra incertidumbre
Sin saber que has hecho con tu tiempo;
Una rémora del hábito y costumbre
Que se aviva con un soplo de viento.
Luego dices que me echas de menos
Que te encantaría el estar conmigo;
Ello reconforta, bien lo sabe el cielo,
Que tu voz es mí guía y mi consuelo.
Pero el paréntesis de esos cuatro días
Fue para mí un sufrimiento eterno,
No
compensan esas palabras impías
Que quién sabe si salieron del averno.
En cada esquina un espía te pondría,
Y un ángel custodio en cada puerta,
Para saber si te has vuelto una arpía
Devoradora
de almas y conciencias.

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