jueves, 15 de julio de 2021

Donde renacen las flores del alma "Rima libre"

 Donde renacen

las flores  del alma 

"Rima libre"




1

Pese a que tu genial belleza

Es como una flor  de almendro,

Como una flecha se clavó

En mis sentimientos.

Todo el mundo paraba a contemplarla,

Y yo, insensato de mí,

Fui hacia ti a pecho descubierto.

No puse ninguna condición.

Más hoy, una furtiva lágrima

 Tiembla como un sauce viejo

Al que para él, el tiempo ya pasó.

2

El  amor declina en sus párpados

Y  las estrellas le parecen lejanas;

Pero mi corazón errante

Solitario como un lago azul,

Recoge las penumbras húmedas

Imperturbables a  la eternidad de un adiós.

Fui un muchacho que entregó el alma

Al horóscopo de tus brazos,

Y tus ojos altivos yacieron conmigo.

Te amé por derecho propio

Hasta desnudar por completo mi alma

En el circo de las pasiones;

Donde el deleite de la bestia

Se llevaba  la perfección de un espectro

Hasta hacerlo reposar en su sombra.

3

Las ortigas de la húmeda tierra

Desparramaban las brisas joviales de la esperanza

Tornándose en  bulliciosas,

Para cortejar a las sombras siniestras

 Que se erguían sobre la hierba.

Mientras, los pájaros de alas fucsias

Descendían al  silencioso crepúsculo 

Extrayendo sus agonizantes suspiros.

La estrella del amor brillaba

Con la intensidad de las farolas del parque,

Donde la difusa onda del tiempo

Deslumbraba a las presumidas rosas.

Las huellas del amor apasionado

Se hacían firmes al contemplar

La caída de la lluvia.

Cualquier cosa valía para regar las flores,

Incluso hasta la sangre imberbe

Que zozobraba por los senderos del cielo.

4

Hoy  mi estómago siente un vacío

De arenas movedizas

Que se tragan a la bravura del alma,

Entregada en la noche unas horas antes

Para escuchar los pasos del alba;

Donde el  murmullo desgarrado

De la conciencia de un hombre viejo,

Le incita a ir más lejos del horizonte,

Saltándose  las paradas del autobús de la vida,

Hasta llegar a la mansión de la brujas,

Donde las cenizas de la melancolía

Adquieren un nuevo color;

Vencidas tal vez por la luz de las estrellas

Escrutando el pensamiento de felicidad.

5

Hoy el espejo reclama a gritos

A los áureos arroyos por los que transcurre la vida;

Cuya caducidad, se angosta en el violento atardecer

 De la sonora cascada del destino.

Cuyas pistas etéreas,  extravían los bailes

Del vuelo flébil  de las mariposas amarillas;

Y donde los fuegos fatuos, trenzan sus coronas

Con los claveles marchitos del estío.

Los lobos esteparios aúllan en la noche sombría

Impidiendo dejar dormir a los monstruos

De un mundo lujurioso corrompido por la ambición.

6

Ya se anuncian los fúnebres festines

De una existencia que no entiende de días,

Ni de sexos, ni de edades,

Ni de desfiles de estrellas inquietas,

Desfilando por las pasarelas estrechas de la senectud.

Pero decir adiós, es decir hasta luego,

Pues los peldaños sirven tanto para subir al techo

 Como para bajar a los estrechos subterráneos,

Donde  da comienzo al  hechizo,

Haciendo  languidecer  el atardecer de la virtud,

 Cuyo sueño dorado,

Acaba convirtiéndose en silenciosa piedra.

Allí, los ajetreos humanos se deshumanizan

Luchando hasta morir tras observar tus ojos,

Que como ríos, arrastran los hierros fogosos

De unas armas inquietas,

Para acabar precipitándose  en el  abismo oscuro

Donde renacen las flores del alma.

 

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