sábado, 20 de febrero de 2021

Hados de gloria

 

Hados de gloria


 

Sólo los muertos guardan una perfecta compostura;

El cisne se siente  fatigado cercado en su palacio de oro,

Dicen que enfermó de amor, allí, en su corriente inquieta.

Yo creo que, se embriagó lanzando  los dados divinos;

Y que de su corazón solitario, surgieron mariposas.

Suspiró al llegar el invierno marchitador de rosas.

Seguramente Dios, le regaló del día las horas tristes

 Y el cielo de ébano, sintió nostalgia del jazmín florido,

Donde el éxtasis flota en la pálida crisálida;

Aunque  la noche callada amamante el almendro en flor.

Triste es sentir el aliento cercano y gélido de Satanás;

Más esa extraña amargura que acaba en lágrimas

Relampaguea en la mirada de la mansión de la aurora.

Y yo, sonámbulo, taño la lira en el altar del beso ardiente,

Pues prefiero besar a una cariátide o a una esfinge,

Que sentir la  insensatez infinita de las albas rabiosas.

¡Pero está bien! Aunque atraigas los rayos de piedad,

Himnos de notas lánguidas arrebatadas al páramo;

La chispa de las primeras señales del rojo crepúsculo

 Hablan a dioses insepultos y a fantasmas ocultos,

Con el temor antiguo de los ululares de la  tierra triste.

Porque el etéreo cielo con la verdad se desconecta;

Y pronto intuyes que no volverán  los ojos  a mirarme

 Si  mañana tengo  la suerte de no ver al bárbaro gentío,

Que oscurece al inquieto caballero  abrumado de eternidad,

Del lujo y del diamante sublime, que raya  las pestañas del sol,

 Congelando el maremoto locuaz del dulce  sentimiento;

El cual, lanza la piedra  oscura hallada en el graveo cielo

Donde los hados,  se recrean con la fama e hinchan de gloria.

 

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